La mano y el antebrazo izquierdos con que Mari Carmen Galindo, de 24 años, teclea el ordenador, es blanca como las nieve, de un material que reproduce las zonas duras y blandas de los dedos humanos, y está dotada de una movilidad parecida a la de las extremidades de carne y hueso. Es la mano artificial más evolucionada que ha llegado al mercado, capaz de sujetar con precisión un huevo fresco sin romperlo, pero ella, cuando está sola, prefiere recurrir a la asombrosa habilidad que durante años adquirió con los terminales nerviosos que conserva su muñón.
Galindo agradece la destreza tecnológica, y la luce en público con total normalidad, pero hace mucho que asumió que los brazos con los que nació --sufre amputación congénita-- "son como son" y así los ha aceptado.
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