La primera noche que un niño de 3 años duerme fuera de casa -o fuera del entorno familiar- suele empezar con lloros y terminar con algún que otro pañal mojado. Posiblemente, cuando vuelvan a casa, los más pequeños no recordarán nada de lo que han vivido durante los días de colonias. O sí: tal vez alguno explique a sus padres cómo cacareaban las gallinas de la granja escuela o el daño que se hizo al golpearle las olas en la playa. Pero aunque el recuerdo sea breve, sin saberlo el niño habrá ganado autonomía y aprendido a compartir.
Fuera del aula 8 Un grupo de niños participa en una actividad, guiada por una monitora, en unas colonias. FUNDACIÓ CATALANA DE L¿ESPLAI
Información publicada en la página 31 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 21 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los beneficios de las colonias escolares, aseguran los expertos consultados, van bastante más allá del mero ocio y el entretenimiento. Todos ellos tienen muy claro que los valores pedagógicos de estas actividades compensan su coste económico. Piden a las familias que tengan eso en cuenta, antes de aplicar la tijera. «La importancia de estas actividades de ocio, tanto en el ámbito escolar como en el familiar, es decir, los esplais, es que forman a la persona en cuestiones que muchas veces no se tratan ni en el colegio ni en seno de la familia», afirman los defensores de que las colonias entren a formar parte, de forma oficial, de las actividades escolares.
EL GRUPO
Cohesionar la clase
e identificar los roles
El líder, el gracioso, el tímido... y el chivato. Cada niño acaba mostrando, cuando está de colonias, cuál es su rol dentro del grupo. «Por eso, cada vez más, los colegios programan actividades en otoño, porque así el profesor puede empezar a identificar a cada alumno en las primeras semanas de curso», afirma Júlia Garcia, responsable de Contenidos Pedagógicos de la Fundació Catalana de l'Esplai (FCE). Además, indica Garcia, «el hecho de convivir durante dos o tres días, el tener que compartir hace que los grupos se cohesionen». Cuando vuelven al colegio, se conocen, pues, bastante mejor. «En un ambiente más relajado, fuera de las rutinas de la clase, cada estudiante expresa de manera más abierta las emociones, sus capacidades, sus conocimientos», añade la responsable de la FCE. «Aunque sean niños que se conocen desde hace tiempo», agrega Jordi Calvo, profesor de Didàctica de l'Expressió Musical i Corporal de la Universitat de Barcelona (UB).
EL INDIVIDUO
Ganar autonomía y aprender a compartir
«Los campamentos escolares rompen con la rutina cotidiana y eso obliga a los chicos a adquirir responsabilidades distintas, a saber organizarse y a adaptarse a situaciones nuevas», prosigue Calvo, que durante muchos años ha sido también monitor de colonias. «Como las actividades educativas no están encuadradas en un horario y se adquieren en un entorno diferente, el aprendizaje es más intenso», afirma el profesor de la UB. Y aunque el profesor o el educador anden cerca, pendientes de ver qué hacen y qué pasa, los chicos, cuando están de colonias, no tienen más remedio que espabilarse. Ganan autonomía personal, adquieren conocimientos «y también aprenden hábitos y nuevos valores, como el respeto por la naturaleza, en un entorno que es mucho más vivencial, más experimental», añade Maria València, presidenta del Moviment de Centres d'Esplai Cristians de la Fundació Pere Tarrés. «La experiencia, para la mayoría de ellos, es brutal», afirma la también maestra, que defiende la actividad, incluso para las edades más tempranas.
EL CURRÍCULO
Reforzar lo que se ha adquirido en el aula
Cuando los colegios empezaron a organizar colonias propias, a finales de los años 1970, se buscaba «una escuela más flexible y activa, que promoviera las actividades al aire libre, las salidas escolares con valores como el descubrimiento del medio y la emancipación social», relata Pere Vives, responsable de Educación Ambiental de la Pere Tarrés. Las colonias sirven, además, «para reforzar el trabajo del curso, para conocer in situ muchas de las cosas que han ido aprendiendo», observa Júlia Garcia. De hecho, los equipos de monitores y educadores que trabajan en las casas de colonias cuentan con unas propuestas educativas específicicas para cada grupo, según la edad y las áreas de interés que soliciten los profesores. «Son currículos que se adaptan y se ponen en común previamente con los profesores», indica la responsable de Contenidos Pedagógicos de la FCE.
EL TERRITORIO
Conocer el entorno y aprender a respetarlo
Ya desde las primeras ediciones de las colonias escolares, añade Vives, uno de los objetivos era «conocer el país, fomentar la coparticipación con agentes plurales y hacer que el proyecto educativo trascendiera más allá de los muros de la escuela». Ese espíritu, añade Garcia, «aún perdura». «Al conocerlo de forma más cercana, aprenden a respetar el territorio», concluye.