«Me dejaron sin testículos, no puedo tener familia, he estado deprimido, me han operado seis veces y tengo que seguir un tratamiento de por vida». José Antonio C. describió ayer así el padecimiento que ha sufrido desde que hace cuatro años un mosso lanzó una granada de aturdimiento al interior del vehículo donde se encontraba. Un sargento y un agente de élite de los Mossos se sentaron ayer en el banquillo de los acusados por un delito de lesiones imprudentes. La fiscalía les pide 18 meses de prisión y una indemnización de 50.000 euros.
Información publicada en la página 31 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 27 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los hechos ocurrieron en noviembre del 2008, cuando agentes del Grupo Especial de Intervención (GEI) de los Mossos se dirigieron a Castelldefels para detener en su domicilio a un cobrador de morosos presuntamente implicado en unas extorsiones. El sargento había previsto que, dada la supuesta peligrosidad de los sospechosos, algunos agentes llevarían granadas Stunt, que provocan una fuerte detonación y aturden a las personas. La acusación sostiene que su uso preferente es en domicilios y motines penitenciarios. En un primer momento, la policía quería entrar en la casa del sospechoso, pero el día antes de la operación se decidió detenerlo en su vehículo.
«¡ALTO, POLICÍA!» / La víctima viajaba en el asiento de copiloto del sospechoso. Los agentes del GEI se acercaron al vehículo y, tras dar el alto y gritar que levantaran las manos, rompieron los vidrios. Uno de los agentes lanzó una granada al interior. El artefacto cayó entre las piernas de José Antonio y explotó.
Los mossos imputados alegaron ayer que desconocían que el artefacto pudiera lesionar a una persona, ya que lo habían probado antes en otras operaciones y no había pasado nada parecido, a la vez que insistieron en que siguieron los protocolos establecidos y lo aprendido en las prácticas, donde usaban estas granadas. El jefe del grupo de élite declaró en el juicio: «Yo he explotado una en mis manos». Según algunos testigos, el fabricante advierte solo que el artefacto puede causar daños auditivos. Desde el suceso que ahora se juzga, los Mossos no han vuelto a usar este tipo de granadas en el interior de vehículos.