Dos días de lluvias intensas han cambiado totalmente las perspectivas de un verano que se presuponía nefasto en materia forestal. Hace 10 días, en plena ola de calor, el riesgo de incendio era alto o muy alto en buena parte de Catalunya, mientras que el peligro se limita hoy a zonas aisladas de las comarcas del Ebro. «No podemos cantar victoria, pero las precipitaciones han sido excelentes para el bosque», resume Josep Escorihuela, director general de Medi Natural, del Departament d'Agri- cultura de la Generalitat. Las previsiones meteorológicas son aceptables teniendo en cuenta que lo habitual en verano es que haga calor y, salvo excepciones, que llueva poco.
Información publicada en la página 2 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 07 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El fuego es inherente al típico bosque mediterráneo de precipitaciones humildes y calor intenso. No se puede cambiar. Siempre ha habido incendios y siempre los habrá, y más ahora que el aprovechamiento forestal es escaso debido al bajo precio de la madera. Así pues, además de la prevención, la actuación clave es dificultar la propagación de las llamas. «Hemos de crear prioridades porque la Administración no puede asumir el coste que supone gestionar todos los bosques de Catalunya», alega Escorihuela. Gestionar significa esencialmente cortar algunos árboles para favorecer el buen crecimiento de los restantes y reducir así la masa combustible. Pasar de 1.400 a 900 árboles por hectárea, por ejemplo. Según cálculos de Agricultura, clarear todos los bosques de Catalunya tendría un coste inasumible de 2.000 millones de euros y, además, no desaparecería por completo el riesgo de incendio.
¿BOSQUE SUCIO? / En cualquier caso, eso de bosque sucio es algo relativo porque no se trata de plásticos, sino de madera combustible. Ni el matorral ni las ramas muertas se pueden retirar por motivos logísticos y porque no tienen aprovechamiento posible, según Escorihuela. Además, arrasar la cubierta vegetal puede perjudicar la biodiversidad. «A los urbanitas les gusta pasear por el bosque sin pincharse, pero los bosques no son jardines», dice.
Los bosques catalanes generan cada año 1,5 millones de metros cúbicos de madera, pero, pese a las subvenciones, solo se extraen 500.000, según fuentes de la conselleria. Eso significa que cada vez hay más masa combustible. La madera no es actualmente rentable para muebles y similares porque, aunque parezca un disparate, resulta más barato traerla de Rusia. Y siguen atascadas alternativas como las plantas energéticas de biomasa. «A mi juicio, lo que necesitaríamos más son plantas de calor. Los ayuntamientos deberían fomentarlas en edificios públicos, como polideportivos o colegios, pero, claro, ahora no hay dinero para eso», lamenta Escorihuela.
SELECCIONAR ZONAS DE RIESGO / Una actuación prioritaria de la Administración es seleccionar las zonas de mayor riesgo y mantener caminos a su alrededor -y también en su interior- para facilitar el acceso de los bomberos. Esta función la llevaban a cabo antes los propios propietarios del terreno para facilitar el acceso de los camiones que cargaban madera, pero ahora se realiza con dinero público. Los caminos miden unos cuatro metros de ancho, aunque el perímetro alcanza en total los 20 metros porque se actúa también sobre los arcenes. A veces, con ovejas.
Además de facilitar las tareas de extinción, los caminos desbrozados funcionan también como cortafuegos que dificulten la entrada de siniestros declarados fuera de las zonas prioritarias. «Estas actuaciones no evitan que se declaren incendios, pero te permiten llegar para controlarlos», sintetiza el director general.
Las zonas seleccionadas son 18, generalmente bastante secas y con alto valor ecológico, y están repartidas por todas las sierras prelitorales, desde la Albera hasta los Ports de Tortosa y el Montsec. «Estamos en un tercio de la construcción de las franjas perimetrales -dice Escorihuela-. Cada año hacemos un trozo más y, además, hay que mantenerlas».
EL EQUILIBRIO IDEAL / «Hemos de evitar que los árboles se quemen cuando son jóvenes. Un bosque maduro es menos combustible porque tiene menos arbusto», dice Escorihuela. Es un ciclo natural: en las zonas más secas de Catalunya, tras un incendio, brota primero la hierba, luego los arbustos ( jara, lentisco, romero, madroño, coscoja) y finalmente el pino carrasco, la especie por excelencia que resiste la aridez extrema y el calor del verano. Cuando los pinos crecen en altura, el suelo recibe menos luz y se reduce la presencia de arbustos. Sin embargo, los pinos también dan problemas si crecen demasiado porque las copas se acaban juntando y ello facilita la propagación de las llamas. «El equilibrio ideal es que los árboles cubran el 80% del estrato arbóreo», dice el director general.
Escorihuela opina que, muy posiblemente, ya hemos superado el peor momento del año. «Los incendios más grandes suelen coincidir con la primera semana de julio, cuando llegan las primeras olas de calor. Por supuesto que puede haberlos en agosto y septiembre, pero son menos frecuentes porque la insolación empieza a descender», dice. Las predicciones a medio plazo, como las que efectúan la NOAA de EEUU y el Centro Europeo de Predicción, sugieren que agosto será probablemente lluvioso, aunque estas previsiones hay que tomarlas con cautela.