Estáis locos, os mataréis. ¿Quién os pide ir allí con lo bien que se está en la playa? Os haréis daño por esos mundos de Dios... Es fácil criminalizar el alpinismo preconizando que ya se sabía que pasaría una desgracia así. Claro, quién va a la montaña, tiene números para que le pase algo, ¿no? Desde que nacemos, empezamos a morir, conocemos nuestra fecha de nacimiento, pero no la fecha de caducidad. Es por eso que los que nos dedicamos a la montaña y a veces pasamos situaciones de peligro, amamos la vida con intensidad, como si cada día fuera el último de nuestra existencia, como el replicante de Blade Runner. Sólo los fósiles no mueren nunca.
Información publicada en la página 33 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 13 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Cuando vemos una hazaña deportiva, sea del Barça, de Nadal, de Alonso, la Roja o Kilian Jornet, unos y otros, en mayor o menor medida, se exaltan identificándose con los valores deportivos individuales o colectivos. La montaña no es un estadio o un circuito donde se retransmite en directo. Subir al techo de los Alpes es un sueño que todos los amantes de la montaña les gustaría ver hecho realidad. Para llegar a 4.810 metros es necesario una gran fuerza de voluntad: levantarse a la 1 de la mañana, caminar en la oscuridad, acomodar el ritmo a la altitud, recuperar con el movimiento el calor que nos roba el frío para, al final, sentir el premio de un solitario podio que recompensa nuestras penurias que se transforman en alegría. Conquistadores de lo inútil, pero no inútiles conquistadores.
Ayer las condiciones eran óptimas en el Mont Blanc y nada hacía presagiar que un alud rompería el sueño de un grupo de alpinistas cuyo único pecado era desafiar la comodidad y la rutina. No ha sido un accidente por error humano, ha sido una fatalidad como tantas otras. He pasado muchas veces por el lugar del accidentes, uno de aquellos escenarios que generan intranquilidad por los seracs (bloques gigantes de hielo) sobre tu cabeza. Esta vez la ruleta de la fatalidad ha roto muchas ilusiones.