El Periódico

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La insólita cohabitación de un Papa y un expapa

La permanencia de Ratzinger en el Vaticano ejercerá presión sobre su sucesor

ROSSEND DOMÈNECH / Roma

Miércoles, 13 de febrero del 2013 - 07.00 h

A las ocho de la tarde del 28 de febrero, una vez terminada la jornada laboral, Joseph Ratzinger subirá a un helicóptero y se trasladará a la villa de Castelgandolfo, tras haber dejado de ser Papa. En esa residencia, palacio estival de los pontífices, permanecerá mientras los cardenales de la Curia y cuantos vayan llegando de todo el planeta estén debatiendo sobre quién será su sucesor. Es una situación nunca vivida en la Iglesia católica, una más de las circunstancias inéditas, e incluso interesantes, que está creando la decisión del papa Ratzinger.

Cuando finalicen las obras de acondicionamiento de un antiguo convento de monjas situado en el entorno del Vaticano, que se prepara para acogerlo, el expapa se instalará allí, a pocos metros del nuevo Papa. A partir de aquel momento, en el Vaticano habrá un Papa y un expapa, lo que plantea cuestiones hasta aquí desconocidas, como qué tipo de relación mantendrán.

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