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Hito ferroviario | El impacto urbano

Girona critica que el AVE deje «heridas por reparar»

La provisionalidad de la estación, soterrar el tren y derribar el viaducto, pendientes

El alcalde recuerda el sufrimiento de vecinos y comercios durante las obras

Miércoles, 9 de enero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CRISTINA BUESA
GIRONA

La inmensa mayoría de los invitados al acto de estreno de ayer ni se percató. Llegaron a las 12.30 horas a la estación a bordo del tren; subieron dos plantas por las escaleras mecánicas; escucharon los discursos de las autoridades y, una hora después, se subieron al mismo transporte y regresaron a Barcelona. De hecho, muchos de ellos aplaudieron lo poco que vieron de las instalaciones. Blanca, diáfana, amplia... Tan amplia que probablemente ese ha acabado siendo uno de sus problemas. La estación de Girona está proyectada para que ocupe un kilómetro de longitud y tenga dos pisos de párking con capacidad para 1.000 vehículos. A lo grande. Pero los recortes presupuestarios han dado al traste con el proyecto que tenía que cambiar la ciudad de arriba abajo.

A la derecha, la estación del AVE con el pasillo que la conecta con la del tren convencional (izquierda). ICONNA / JORDI RIBOT

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Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 09 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

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Porque cambiar, lo que se dice cambiar, Girona sí ha cambiado. Sobre todo para los vecinos de los barrios de Sant Narcís, Santa Eugènia y hasta los de parte de la Devesa. Durante cuatro años y medio han sufrido las obras de la llegada de la alta velocidad con la zona del parque Central patas arriba. Sin parque público y además teniendo que dar rodeos imposibles para acceder a sus calles. Polvo, máquinas, ruidos. De día y de noche. Cuando a los gerundenses se les vendió en el 2001 que tendrían AVE en pleno centro de la ciudad estuvieron encantados porque la iniciativa llevaba aparejada el soterramiento del tren convencional, es decir, el derribo del viaducto que atraviesa el municipio.

Hubo quien ayer se encargó de recordar lo que ocurría más allá de aquellas cuatro paredes de la estación: el alcalde Carles Puigdemont. «La alegría no es completa, el acto de hoy [ayer para el lector] no debe suponer ningún tipo de euforia», avisó. Puigdemont se quejó de que en los últimos cuatro años de trabajos de la alta velocidad «se han abierto heridas en la ciudad que aún están por reparar».

EFECTO DEMOLEDOR / La máxima autoridad de la ciudad se dirigió a los responsables del Ministerio de Fomento y Adif -empresa que dirige las obras- y les dijo: «No hemos tenido la oportunidad de hablar sobre resarcir lo merecido y estamos muy lejos de recuperar la normalidad. Tenemos muchos asuntos pendientes de los que tenemos que hablar». Puigdemont (CiU), que en los últimos meses ha insistido en las críticas al ministerio que dirige Ana Pastor por la falta de información facilitada, tuvo un recuerdo para las familias y comerciantes «que no han visto todavía la luz al final del túnel» y se quejó del «efecto demoledor» que ha supuesto la llegada de la infraestructura a la ciudad.

HASTA EL 2024 / Las dudas están ahora en qué hará el ministerio con la estación definitiva, si es que finalmente se proyecta una más grande que incluya también el tren de ancho convencional, tal como se pensó en su día. Otra incógnita es el viaducto. Pero tanto una cosa como la otra no están en los planes de Fomento al menos hasta el 2024, que es la fecha hasta donde llega el último plan de infraestructuras gubernamental.

Ambas estaciones estarán ahora conectadas por un pasillo exterior pero hasta que en los próximos días no se vea el uso que se hace de las nuevas instalaciones de alta velocidad no se podrá valorar si son o no funcionales. Precisamente grupos municipales como la CUP aprovecharon el acto de ayer para quejarse del «nyap» (chapuza) que ha representado el proyecto. Miembros del partido se quejaron de la «paralización» que han supuesto para Girona los trabajos y de las molestias.

PROTESTA EN EL EXTERIOR / Concentrados con un grupo de unas 400 personas (donde también había representantes de ERC e ICV-EUiA), además de diversas plataformas, gritaron consignas contra la monarquía y la visita de Mariano Rajoy. Sin embargo, en el interior del recinto, donde estaban los invitados, no se oyó ni una sola de las frases.

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