El Periódico

Fabricio Ballarini: «Las sorpresas nos ayudan a consolidar los recuerdos»

Entrevista con Fabricio Ballarini, escritor y biólogo.

JOSÉ LUIS ROCA

Entrevista con Fabricio Ballarini, escritor y biólogo.

Horarios escolares flexibles y cambiantes, recreos a distintas horas del día, situaciones sorpresivas en mitad de la clase… Este experto en el funcionamiento de la memoria propone «una revolución educativa» basada en cómo el cerebro registra los recuerdos. 

Domingo, 13 de noviembre del 2016

Parece una obviedad: aquello que nos sorprende lo recordamos más vivamente que lo rutinario. Pero el hallazgo que ha hecho este investigador va más allá: ha demostrado que todo lo que vivimos en los minutos previos y posteriores al hecho sorpresivo también lo fijamos con más firmeza en nuestra memoria. Lo explica en 'Rec' (Debate), un libro que ha escrito pensando en los docentes: descubrir cómo archivamos los recuerdos abre insospechadas posibilidades en el campo de la educación. El argentino Fabricio Ballarini, que nunca aspiró a ser divulgador científico, viaja por el mundo enseñando a entrenar el cerebro, pero su preocupación es que los niños aprendan mejor en los colegios.

Perfil

Hijo de un arquitecto y una psicóloga psicoanalista, tras empezar a estudiar Arquitectura y abandonarla, se licenció en Biología por la Universidad de Buenos Aires y posteriormente hizo un doctorado sobre Fisiología de la Memoria.

Hace ocho años empezó a estudiar el funcionamiento de la memoria de los estudiantes y diseñó una estrategia neuroeducativa para mejorar la capacidad nemotécnica de los alumnos consistente en introducir situaciones de sorpresa en la fase de aprendizaje.

Es investigador de Conicet (la principal entidad para la promoción de la ciencia en Argentina) y explica sus descubrimientos sobre la memoria en la tele, la radio, la prensa y en conferencias por todo el mundo.

Resumiendo: estamos en la oficina de una editorial, todo el mundo anda en sus tareas cotidianas, nadie recordará este día, pero si ahora mismo cae un meteorito en la calle, dentro de 10 años la gente que hay aquí no solo recordará el meteorito, sino lo que hacía una hora antes. Vivimos a partir de predicciones que nos dan seguridad, las necesitamos para funcionar en nuestro día a día, pero si de pronto pasa algo que rompe con lo que estamos esperando, el cerebro pone en alerta muchas áreas, entre ellas las implicadas en la memoria, que no solo registran y guardan el hecho novedoso, sino todo lo que ocurre antes y después. Le propongo mi ejemplo favorito: cuénteme qué hizo el 11 de septiembre de 2001 y el de 2016.

Del 11 de septiembre de este año no recuerdo nada. Del de 2001 podría hablarle de los espaguetis a la boloñesa que estaba cocinando cuando saltó la noticia de los atentados de Nueva York, y que más tarde comí mientras veía cómo las Torres Gemelas se derrumbaban. Recuerdo hasta su sabor. Esto le sucede porque su cerebro ha grabado en su memoria todo lo que vivió alrededor de aquel acontecimiento tan sorprendente, incluyendo detalles como el sabor de la comida que tomó, el lugar donde estaba, con quién se encontraba, qué estaba haciendo antes… Y esto tiene una explicación evolutiva. Piense en nuestro origen, cuando vivíamos en la selva y de pronto aparecía un animal peligroso. Lo útil no era guardar la experiencia de la amenaza, sino todo lo que había alrededor, porque esos detalles encerraban claves que permitían prever situaciones similares en el futuro.

¿Cómo llegó a esta conclusión? Los estudios realizados con animales de laboratorio ya habían demostrado, a nivel neuronal, que las sorpresas ayudan a consolidar mejor los recuerdos en la memoria de los roedores. Me preguntaba qué pasaría con los humanos, pero no podemos seccionar el cerebro de una persona para ver cómo se conectan las neuronas cuando recuerda, así que decidí estudiar el comportamiento de escolares, que son humanos concentrados en tareas memorísticas.

¿Qué descubrió? Probamos a leer el mismo cuento a dos grupos diferentes de chicos. En el primero, la lectura formaba parte de la rutina de cada día. En cambio, en el segundo introdujimos situaciones inesperadas, como llevarlos a un aula diferente o que la lectura no la hiciera su profesor habitual, sino alguien diferente. Varios días después, el segundo grupo recordaba un 60% más de detalles del cuento que el primero. Hicimos pruebas similares con chicos de distintas edades, incluso en la universidad, y el resultado fue siempre el mismo: cuando introducíamos una hecho imprevisto, como que el profesor contara un chiste o que alguien irrumpiera de pronto en el aula, semanas después los alumnos no solo recordaban esa sorpresa, sino que habían registrado toda la lección mejor que cuando la recibían en entornos rutinarios.

"Las ideas creativas
solo surgen a
partir de conocimientos que están en nuestro cerebro, no
en Google"

¿Hay un margen de tiempo para que la sorpresa tenga ese efecto? Los experimentos revelan que todo lo que pasa una hora antes y una hora después del hecho novedoso se graba más vivamente en la memoria. En cambio, lo que sucede fuera de esa ventana temporal, no se recuerda con la misma intensidad. Este descubrimiento nos da herramientas para intervenir en la fijación de los recuerdos, algo que es muy útil en el campo de la enseñanza. Estoy hablando de hacer más eficiente la capacidad de aprendizaje de los chicos en las escuelas, una auténtica revolución educativa.

¿La forma como hoy se imparten las clases no es eficiente? Hoy educamos cerebros que no existen. El plan consiste en que un profesor entra en clase, descarga un montón de información sobre los alumnos y se marcha, luego entra otro y hace lo mismo, y luego otro. La mente no funciona así. Nuestro cerebro está organizado para relacionar conocimientos, no para acumular datos. Las materias deberían estar más interconectadas, la educación debería ser más global y lúdica. Por desgracia, los programas educativos están diseñados a partir de decisiones arbitrarias, no de evidencias científicas.

¿Por ejemplo? Por ejemplo, en primaria suele ser el mismo maestro el que da todas las materias. ¿Alguien se ha preguntado qué ventaja aporta esto? En los primeros cursos, que es cuando los chicos tienen más dificultad para escribir, ¿por qué la Lengua se da junto las Matemáticas, que son dos materias muy complejas? ¿Alguien ha probado a combinar las asignaturas más difíciles con otras más más lúdicas y sorpresivas? Los horarios se montan en función de los docentes, no pensando en cómo benefician a los alumnos.

¿Los horarios son tan importantes? Algo tan sencillo como jugar con los horarios podría aportar una mejora enorme en la capacidad de aprendizaje de los estudiantes. Por ejemplo, haciendo que todos los días no sean iguales. ¿Por qué los recreos son rutinarios y siempre se celebran a la misma hora? ¿Por qué no se esparcen a lo largo de la mañana y se llenan de actividades sorpresivas? En los institutos, los horarios no tienen en cuenta los ritmos circadianos de los adolescentes, cuyos cerebros tienden a dormirse más tarde y a despertarse también más tarde. No se puede modificar, es fisiológico. De hecho, llegan a los institutos cuando deberían estar durmiendo. Si esto es así, pongamos a esas horas las asignaturas menos difíciles, las más simples y lúdicas.

Si tuviera delante al director de un centro educativo, ¿qué consejos le daría para hacer más eficientes las clases? Los maestros se encuentran todos los años con los mismos problemas. A los ocho años, a los chicos les cuesta aprender a dividir y hacer análisis sintácticos. A otras edades suele haber otros retos. Le diría que pidiera a sus docentes que sorprendan a sus alumnos de alguna forma el día que empiezan a dar esos contenidos tan complejos. Que se los lleve al parque, que les dé la clase con un sombrero, que un payaso irrumpa de repente en el aula. Si introduce situaciones inesperadas, los chicos fijarán mejor lo que aprendan en esa hora.

"Todo lo que pasa una hora antes y una hora después de un hecho novedoso se graba más vivamente en la memoria"

Tengo entendido que es muy crítico con el uso que hacemos de la tecnología. ¿Google nos está entonteciendo? La tecnología nos hace la vida más cómoda, pero es peligroso que depositemos en ella tareas que nos corresponden a nosotros. Somos holgazanes por naturaleza y podemos acabar pensando: ¿para qué quiero aprender esto o aquello si lo tengo en internet? Pero las ideas creativas solo surgen a partir de conocimientos que están en redes neuronales de nuestro cerebro, no en Google o en un disco duro externo. Si no disponemos de esas conexiones en nuestra cabeza, jamás tendremos esas ideas. Por eso, cuando a los chicos de hoy se les pide una respuesta creativa, no piensan en cómo concebirla, sino en cómo encontrarla en Google. Esto es muy peligroso.

Imagine que tenemos esta conversación dentro de 10 años. ¿Qué le gustaría que hubiera ocurrido?Lamentablemente, hoy en día la enseñanza carece de estrategias basadas en cómo el cerebro guarda la información. Me gustaría que hubiera científicos trabajando en el diseño de los sistemas educativos, para que estos atiendan a esos hallazgos, no a otras razones. La ciencia es una de las maneras más hermosas y eficientes que conocemos para mejorar nuestra vida. ¿Por qué no abrimos los programas de enseñanza a las revelaciones científicas?

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