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Convocar una jornada de huelga a pocos días de los exámenes finales no parece la mejor de las ideas. Una opinión extendida entre los numerosos alumnos y profesores que ayer fueron a clase o llenaron las bibliotecas universitarias. Gerard, un joven de 23 años que está a punto de acabar la carrera de Biología en la Universitat de Girona (UG), acude a la facultad cargado con un pastel casero y un ordenador. «Estoy de acuerdo con los planteamientos de la huelga, pero me quedan dos semanas para los exámenes finales y no quiero perderme las clases de hoy. Los que estamos en el plan viejo, las licenciaturas, no podemos perder el tiempo», afirma.
Información publicada en la página 34 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 23 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Al lado del estudiante de biología, alumnos de la Facultat de Ciències convierten el césped del campus de Montilivi en un pequeño cementerio, en el que la educiación está muerta y enterrada por un súbito ataque de recortes. Los pasillos de la Universitat Politècnica (UPC) también muestran un ambiente de velatorio, con murmullos apagados, a pesar de que muchas aulas están llenas.
Dos chicas charlan en la puerta de la facultad, mientras una de ellas apura un cigarrillo. «No entiendo que tengamos que dejar nuestras obligaciones por la huelga. Se puede protestar después del horario lectivo. Estoy a favor de las reivindicaciones, pero hacer huelga en horas de clase es desperdiciar el dinero que la sociedad está invirtiendo en nosotros y va en contra de la calidad de la educación, que es precisamente lo que queremos defender», comenta una estudiante de Ingeniería Industrial .
Los alumnos de carreras técnicas son poco dados a los paros. «Si yo estuviera en otra carrera sí que haría huelga, pero en la Politècnica la mayoría de profesores no la hacen, e incluso ponen prácticas obligatorias estos días », añade su compañera.
Piquetes
Tres jóvenes salen de la Facultat de Ciències Econòmiques. A primera hora han asistido a clase de Contabilidad de Costes y unos piquetes han intentado que se sumaran a la huelga. «Han hecho un cacerolada en el pasillo y luego han leído un manifiesto, pero nadie ha abandonado la clase», explica uno de ellos. La facultad trabaja a medio rendimiento y un profesor que deambula por los pasillos confiesa que no da clases, aunque oficialmente no ha comunicado que hace huelga. «Ya me han quitado bastante dinero este año», se justifica.