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ESTUDIO SOBRE RANGO Y SALUD EN SIMIOS

El estatus social puede modificar el funcionamiento de los genes

Un experimento con macacos revela que la desigualdad marca el ADN

El estrés sufrido por bajar en la jerarquía dispara procesos que generan enfermedades

Martes, 29 de mayo del 2012 - 12:31h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MICHELE CATANZARO / Barcelona

Que la desigualdad social es mala para la salud es algo bien sabido: por ejemplo, un trabajador no cualificado en el paro tiene una esperanza de vida hasta 10 años menor que un empresario, según un informe de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. Sin embargo, se desconocen los detalles sobre cómo el estatus social condiciona la salud. Ahora, un estudio con macacos en EEUU ha arrojado indicios valiosos sobre cómo la jerarquía afecta a los mecanismos biológicos básicos.

Dos macacos que participaron en el estudio de Estados Unidos

GRAN HERMANO SIMIESCO

"Escogimos 49 macacos y los repartimos en 10 grupos", explica Mark Wilson, investigador del Centro Nacional de Investigación con Primates de Yerkes, en Georgia (EEUU), y coautor del estudio, que se publicó en abril en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences . Al cabo de dos meses, cuando las peleas por el poder en cada grupo mermaron, los investigadores tomaron muestras de sangre de los simios y las enviaron a sus colaboradores expertos en genética.

Estos revelaron que los individuos de menor rango tenían un conjunto de moléculas enganchadas en su ADN distintas de las de los dominantes. La presencia de estas moléculas ¿el llamado epigenoma¿ es normal en todos los seres vivos: su función es regular la expresión de los genes, es decir, modular el sentido y la intensidad de las órdenes que el ADN envía al organismo para que funcione. Las marcas de los macacos más humildes modificaban la expresión de los genes de una manera que afectaba a la eficiencia del sistema inmune. "Ya sabemos desde hace tiempo que los individuos de estatus inferior tienen mayor tendencia a enfermar, a ser menos fértiles y a comer comida peor de manera desbocada", observa Wilson.

"Los ejemplares de cada grupo no tenían relaciones familiares, pertenecían a la misma clase social antes de que empezara el experimento y eran todos hembras, ya que los machos no suelen vivir de forma estable en grupo", explica Wilson. Así, los investigadores minimizaron las causas distintas al estatus social.

Al cabo de un tiempo, algunos ejemplares escalaron en la jerarquía y destronaron a otros. "Al repetir las medidas con estos ejemplares, vimos cómo sus marcas habían cambiado en función de su nuevo estatus", explica el investigador. De esta manera, los científicos comprobaron que era la jerarquía lo que determinaba el estado de salud, y no al contrario. Los investigadores pusieron a disposición de los macacos toda la comida que necesitaban y evitaron que los dominantes dañaran físicamente a los inferiores. Así, excluyeron también que las peores condiciones de salud se debieran a que los de estatus inferior comían menos o sufrían más heridas. "El estrés asociado al estar por debajo de otros es el factor principal que queda en juego: los de rango bajo están obligados a estar constantemente vigilantes", explica Wilson.

HORMONA DEL ESTRÉS

El trabajo mide el estrés a través del cortisol, una hormona que se dispara para recolectar energías en situaciones de peligro. "Es una reacción natural, un mecanismo evolutivo que favorece la supervivencia: el problema es cuándo este estado se convierte en crónico", afirma Wilson.

"Es un estudio curioso: los macacos tienen grupos sociales más claros que los humanos, así que es más fácil identificarlos", explica Manel Esteller, experto en epigenética del Institut de Investigació Biomèdica de Bellvitge, que acaba de publicar el primer epigenoma completo de un ser humano en Europa. "Queda por entender cómo el cortisol acaba dejando marcas en el ADN: quizá por medio de hormonas", comenta.

"El estudio aporta una magnífica pieza del puzle de cómo el entorno social afecta a la fisiopatología. Además, es una prueba más de que los genes no lo determinan todo", dice Miquel Porta, investigador en epidemiología del Hospital del Mar. "Sin embargo, tampoco el estatus lo determina todo: las marcas epigenéticas son reversibles, y si se mejoran las condiciones de vida ¿en el caso humano, las condiciones de trabajo, el medio ambiente, la contaminación y el estrés¿ las consecuencias adversas se pueden neutralizar".

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