La presión de vacas sagradas de la cultura francesa como Brigitte Bardot, Alain Delon y Jean-Paul Belmondo no bastó para que el Tribunal Constitucional juzgara ilegales los toros en el territorio francés. En la mayor parte del país, especialmente en París, está bien visto estar en contra de la corrida. Se considera lo correcto, lo civilizado. Pero la cantidad de aficionados que llenan los trenes en dirección a Nîmes por la feria de la vendimia sugiere la existencia de una esquizofrenia taurina en el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Un grupo de animalistas protestan contra la decisión del Consejo Constitucional de Francia. AFP / KENZO TRIBOUILLARD
Información publicada en la página 28 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 22 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Entre los apasionados que el pasado fin domingo aplaudieron a rabiar la gesta de José Tomas -él solito lidió seis toros- no solo estaban los rústicos habitantes de las regiones del sur de Francia. Además de los refugiados barceloneses, los hoteles de Nîmes -100% de ocupación- acogieron a numerosos peregrinos procedentes del norte, que viven casi secretamente su afición a los toros. Como el exprimer ministro François Fillon, que de joven contrajo el virus de la corrida en Madrid y aún le dura. Cada vez que puede se escapa al coso de Nîmes. Gérard Depardieu también figura entre los aficionados que se guardan de exhibir su debilidad por el arte de las banderillas.
Inscrita, a petición del Gobierno de Nicolas Sarkozy, en el patrimonio inmaterial de la Unesco en el 2011 para escándalo de los antitaurinos, la feria contaba con el favor del anterior ministro de Cultura, Fréderic Mitterrand. Para el actual titular de Interior, el barcelonés Manuel Valls, se trata de «una tradición que hay que preservar». Sus defensores no solo la presentan como una manifestación cultural sino como estandarte de su «identidad», además de una fuente de riqueza económica. Cuando se manifiestan para expresar su apoyo a los toros, lo hacen empuñando la bandera catalana.
Pero los antitaurinos no se rinden. Han anunciado que recurrirán al Tribunal Europeo de los derechos humanos. A su juicio, los toros son una «crueldad» y están convencidos de que la mayoría de los ciudadanos y responsables políticos «deploran» este espectáculo. Sin embargo, según una encuesta publicada por el diario Midi Libre, el 48% de los franceses se muestra favorable a prohibir las corridas en todo el territorio, mientras que el 42 % cree que hay que autorizarlos en las ciudades con tradición.
El rechazo a la tauromaquia es superior entre los jóvenes (52%) y entre los votantes de izquierdas (58%), en particular entre el electorado ecologista, que se pronuncia de forma mayoritaria por prohibir los toros (76%). El 58% de los franceses que en las pasadas presidenciales votaron a François Hollande están en contra de los toros, pero el socialista jefe del Estado, de momento, no ha dicho ni mu.