Nuestro antepasado el Homo Erectus no estaba solo. Tres fósiles hallados al este del lago Turkana, en Kenia, confirman los indicios de que hace dos millones de años había otras dos especies del género Homo que convivivían con el abuelo del Homo Sapiens. Se trata del Homo Habilis y de una tercera especie que aún no tiene nombre. A ninguna de las dos se le conocen descendientes y son una prueba de que la historia de la evolución humana no es tan simple como se había pensado.
Información publicada en la página 27 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 10 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El descubrimiento, publicado esta semana en la revista Nature, acaba con el enigma de un cráneo encontrado en Kenia en 1972. Sus características, un rostro más grande y plano que los demás fósiles de la zona, no permitían encuadrarlo en ninguna de las especies identificadas hasta el momento. Entonces se abrió un debate entre los especialistas sobre si, al comienzo de la evolución humana, hubo una o dos especies de Homo.
El hallazgo ha acabado con el enigma. Hubo tres, aunque solo el Homo Erectus se perpetuó. «Cuando encontramos los fósiles de la cara, su parecido con el fósil de 1972 era inmediatamente obvio», contó Fred Spoor, paleontólogo y coautor del artículo de Nature junto a la paleontóloga Meave Leaky, del Turkana Basin Institute de Nairobi. Los restos, hallados entre el 2007 y el 2009, son la cara y algunos dientes de un niño de alrededor de ocho años; una mandíbula inferior casi completa, con varias piezas dentales y raíces, que perteneció a un individuo adulto, y un fragmento de una mandíbula inferior que conserva varios incisivos pequeños. De hecho, una de estas dos mandíbulas «es la más completa hallada nunca perteneciente a un homínido primitivo», subrayó Spoor.
La morfología de los huesos indica que los individios tendrían una cara alargada y más plana y un paladar en forma de U, que se diferencia del resto de los homínidos de la época, que lo tenían en forma de V.
Las tres especies convivieron, según Spoor, en el mismo tiempo y espacio, una cálida región con vegetación exuberante, pero lo más probable es que se evitaran entre ellas «como pasa con los gorilas y los chimpancés en el Congo». Aunque tanto el Homo Habilis como la nueva especie aún sin nombre terminaron extinguiéndose, «parece evidente que la evolución humana no siguió una línea unidirecciónal», concluyó Spoor.