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La visita del Pontífice | Partidarios y detractores | Fe e indignación

Pertenecen a la misma generación. La generación que tiene muy difícil asomar la cabeza por encima de la crisis, la generación que ha impulsado el movimiento de los indignados. Tres jóvenes que van a Madrid a participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y tres jóvenes que van a Madrid a protestar contra el Papa, todos ellos de Barcelona, defienden sus posturas, enfrentadas no tanto por la religión como por la presencia que esta debe tener en la sociedad.

«¿Dónde está la tolerancia que pregonaba el 15-M?»

Lunes, 15 de agosto del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MARÍA JESÚS IBÁÑEZ Y ELENA PARREÑO
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Seis jóvenes que viajan a Madrid con motivo de la visita del Papa explican su opinión sobre el evento. MÒNICA TUDELA

Cuando a Mar López se le pregunta por los motivos que la llevan a viajar esta semana a Madrid recapacita un instante. Pero en seguida responde: «Pues voy porque me parece una gran oportunidad... y porque me sirve para recargar pilas». Mar, 25 años y becaria del Consell Superior d'Avaluació del Sistema Educatiu, no tiene reparos en mostrar su activismo como católica practicante. «Voy a misa regularmente y cada 15 días asisto a reuniones de jóvenes en una parroquia. No lo oculto y, es más, estoy convencida de que mis amigos lo comprenden y lo respetan», dice.

Vicenç Martí, Mar López y Pablo Villafé (de izquierda a derecha), el pasado viernes, antes de viajar a Madrid para asistir a la JMJ. ALBERT BERTRAN

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Información publicada en la página 22 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 15 de agosto de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

«Es que no somos ni una secta, ni hay nada secreto ni ritualista en nuestras prácticas», agrega, diligente, Vicenç Martí, abogado y, como Mar, también participante en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Vicenç, 30 años, se ha implicado a fondo en la organización del evento y estos días, antes de salir hacia la capital española para sumarse a la convocatoria de Benedicto XVI, ha estado coordinando la acogida de peregrinos en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Para Pablo Villafé, un joven médico internista que acaba de estrenar paternidad y que acude por quinta vez a una jornada papal de juventud -«he estado en la de París, en la de Roma, en la de Toronto y en la de Sídney»-, «estos encuentros no son, en absoluto, exhibiciones de fuerza o de ostentación». «Lo importante allí -afirma- es el intercambio de experiencias. El cristianismo es una religión que no solo se practica de forma individual, personal, sino que da mucho valor al hecho de compartir, a la comunión con otras personas».

Libertad de expresión

Mar, Vicenç y Pablo han comparecido a la cita con EL PERIÓDICO dispuestos a defender su decisión de asistir a la JMJ con firmeza «y tolerancia, sobre todo, tolerancia», insisten. El mismo respeto, afirman, «que hay que reclamar a quienes van a manifestarse contra la visita del Papa». «¿Dónde está ahora toda la tolerancia que pregonaba el 15-M?», pregunta Mar, que explica que también estuvo en la plaza de Catalunya de Barcelona el día que los Mossos d'Esquadra trataron de disolver por la fuerza el campamento de los indignados. «Si uno de sus argumentos es el respeto de la libertad de expresión, quizás tendrían que empezar a aplicarlo ahora», observa Vicenç.

Defienden, los tres, los beneficios que reportará a Madrid la presencia de «dos millones de visitantes» y aseguran que «el 70% del coste de la jornada sale del bolsillo de los peregrinos». El resto, recuerdan, «lo pagan empresas patrocinadoras». «Tal vez deberían valorarlo bien antes de centrar todas sus críticas en la cuestión económica», dice Pablo.

«Es más, esa Iglesia que ellos califican de ostentosa y provocadora es la misma que está ayudando a la gente que ahora se ha quedado sin cobrar la renta mínima», prosigue. El discurso pierde contundencia cuando hay que defender algunos mensajes vaticanos como la condena al uso del preservativo, el rechazo a la homosexualidad o su tibia respuesta a los casos de pederastia. «Conozco a un montón de gente en la iglesia católica que no responde a esas etiquetas, que tiene una mentalidad moderna y que está abierta al progreso», objeta Vicenç. «Pero no confundamos, ¿es modernidad aceptar el aborto?», agrega Mar.

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