El catedrático de Derecho Penal de la UB Joan Queralt se sintió francamente indignado cuando el jueves escuchó al conseller de Territori i Sostenibilitat, Lluís Recoder, explicar qué persigue con el nuevo sistema que permitirá a los pasajeros de Ferrocarrils de la Generalitat (FGC) denunciar con su teléfono móvil, de forma anónima, actitudes incívicas de otros usuarios de los trenes en los que viajan. «No se trata de convertir al ciudadano en denunciante, sino en informante». Lejos de atenuar el efecto, la palabra informante , dice Queralt, «empeora las formas».
Violencia en las calles de Barcelona, el pasado 29 de febrero, durante los disturbios de la huelga general. ELISENDA PONS
La invitación de FGC a la delación incluso de la mendicidad no es el primer episodio de una tendencia que crece últimamente en Catalunya, la de emplazar a los ciudadanos a denunciar, a delatar, a informar de actitudes incívicas o ilegales. Esencialmente, hay tres ejemplos: el flamante sistema telefónico de FGC; la web abierta tras la huelga general por el conseller de Interior, Felip Puig, para identificar a manifestantes violentos y la reciente petición, también de Puig, de que la ciudadanía denuncie a los conductores que tiran colillas fotografiando sus matrículas, y enviando esas fotos a los Mossos.
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