Alcanzar un resultado en la exploración del espacio cuesta tanto tiempo que suele suceder que, en el mismo momento en que se celebra un éxito, las prioridades ya sean otras. Este parece ser el caso de Curiosity , el mayor robot nunca enviado a otro planeta. Ayer por la mañana, el rover (robot con ruedas) alcanzó la superficie de Marte tras una arriesgada operación de aterrizaje, conducida sin el más mínimo error por los técnicos de la NASA. Un enorme éxito de la agencia espacial estadounidense y de la investigación espacial en general, más necesitada que nunca de golpes de efecto con los que reivindicarse en estos tiempos en los que las estrecheces económicas amenazan con dar la espalda al cosmos.
La fabricación del Curiosity empezó en el 2004, cuando nada indicaba la magnitud de la crisis económica en la que se encontrarían sumidos EEUU y Europa 8 años después. La NASA lleva años enlazando recortes en sus presupuestos y ha cerrado algunos de sus programas de más peso, como el de los transbordadores espaciales y el proyecto de volver a enviar a un ser humano a la Luna.
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