No existía la prima de riesgo todavía y estaba lejos del Mercado Común, pero la España del 77 pasaba tantos apuros como ahora. Sacudida por la crisis del petróleo, y sin más que ofrecer que el turismo de sol y playa, estuvo al borde de una hiperinflación de manual.
La economía española en 1977 también estaba al borde del colapso. Muchísimo peor, si lo que quieren es tener un breve chute de optimismo, de como nos encontramos hoy en día. Al menos en cuanto a las cifras macro se refiere. La España del año 77 sufría una doble crisis económica, estructural e internacional. La segunda había arrancado en 1973 con la crisis del petróleo. Se pasó de 1,63 dólares el barril en 1972 hasta los 14 de 1974. En esa España todavía franquista se creyó que aquello sería temporal y no se tomó ninguna medida de reducción del consumo, en un país que importaba el 66% de su energía. Fue una auténtica sangría de divisas. Para cuando llegó 1977, España perdía 100 millones de dólares diarios en reservas ya que nuestras exportaciones solo cubrían entonces el 45% de lo que se importaba.
1977. Josep Tarradellas y sus 12 'consellers' de la Generalitat provisional forman un Gobierno de concentración con el encargo de redactar el Estatut de Autonomía, aprobado por referendo en 1979.
Alejada del Mercado Común y todavía más de los incipientes mercados globales, el sector industrial seguía teniendo hechuras franquistas: gran tamaño, poca tecnología y una gran protección arancelaria. Sin mucho que ofrecer más allá del sol y la playa, la deuda exterior era de unos 14.000 millones de dólares, que significaba el triple de todas las reservas de oro y divisas del Banco de España. Mucho peor que hoy aunque, eso sí, sin padecer el estrés de la prima de riesgo, que se inventó más tarde.
El dato más llamativo fue el de la inflación. Durante aquel 1977, España estuvo al borde de una hiperinflación de libro. Empezó el año con un 20%, para llegar al verano con un escalofriante 44%. Algunos hablaban de un 80% de inflación para 1978, lo que hubiese hecho prácticamente imposible una transición con un mínimo de estabilidad. Los Pactos de la Moncloa, suscritos aquel año, provocaron, entre otras virtudes inmediatas, la reconducción de esa cifra hasta un 16% gracias a un control estricto de la cantidad de moneda. Para que comparen, las cifras de inflación de ese mismo año para Alemania eran tan solo de un 6%. Hoy vivimos en el entorno del 2%.
620.800 parados
Todas esas cifras macro se transmitieron dramáticamente en forma de un paro exponencial. En 1973, antes de la crisis del petróleo, el
desempleo era de un 2,3%. En 1985, del 22%. En el momento justo de las elecciones, España tenía 620.800 parados, 100.000 más que el año anterior. De esa masa sorprendida y asustada, solo 300.000 recibían algún tipo de subsidio.
¿Y cómo se podía vivir en un país así? Pues con una gran conflictividad laboral pero mucha esperanza en las instituciones democráticas, cosa que hoy, obviamente, nos falta. La sociedad de consumo no había calado del todo. Por ello, los gastos que hoy aún nos parecen imprescindibles ni siquiera se tenían en mente. No existían tampoco esas diferencias brutales entre salarios. Por ejemplo, un directivo de banca cobraba en torno a las 92.000 pesetas mientras que un peón llegaba a las 21.000. Nada que ver con las indemnizaciones que se arramblan hoy. Claro que la banca no estaba para crear burbujas, luchaba por su supervivencia en una crisis financiera que se alargó hasta 1985. Por eso, en 1977, se creó el Fondo de Garantías de Depósitos que entonces te aseguraba hasta 500.000 pesetas, que no era poco.
Las familias estaban mucho menos endeudadas. Aproximadamente un 20% de la población vivía en alquileres de renta antigua.
Los pisos en buena zona se podían comprar por 2,5 millones de pesetas, por lo que nuestro peón necesitaba entre 9 y 12 años de salario para tener su vivienda. Algo menos que las hipotecas a 50 años que hemos llegado a sufrir hoy.
Un periódico costaba 15 pesetas, y ahora, 182. El pan, entre 9 y 17 pesetas, mientras que hoy ronda las 83 pesetas. La ropa, llena de coderas y remiendos, ocupaba unas 1.700 pesetas en cada hogar. El lujo de la época eran los tejanos, que salían a 3.600 pesetas.
Hoy tenemos más médicos por habitante, estamos firmemente asentados en la economía global y el bienestar (todavía) es comparable al de los países del entorno. Así que la tremenda situación del 77, sin ser la misma, sí puede dar la medida de la capacidad de resistencia y de recuperación de una economía. Siempre que se hagan las cosas bien, claro.