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CUADERNO DEL DOMINGO

El dinero público peligra en Mallorca más que en ningún otro sitio. Así se deduce de los casos de corrupción de los últimos años. El de Iñaki Urdangarín, que declara el sábado, es el más reciente.

La corrupción se lleva la Palma

Domingo, 19 de febrero del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
   CATALINA GAYÀ

Iñaki Urdangarín, esposo de la infanta Cristina y yerno del Rey, se sienta desde este fin de semana en un juzgado y el banquillo de dicho juzgado está en Mallorca. La Fiscalía Anticorrupción acusa al duque de Palma del desvío de 5,7 millones de euros de las arcas públicas de Baleares, y también de las de la Comunidad Valenciana. El archipiélago balear está bien curtido en asuntos de corrupción: en seis años han sido 500 los encausados, entre alcaldes, cargos medios, intermedios, parientes y secretarias de secretarios en esta Mallorca de los favores. Ahora es el yernísimo, quien para más inri lleva el título de duque de Palma, el que se las tendrá que ver con el juez José Castro.

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Información publicada en la página 4 de la sección de (vacia) de la edición impresa del día 19 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Mallorca, esta Mallorca que se siente orgullosa de haber alumbrado a deportistas de la talla de Rafael Nadal, pintores como Miquel Barceló, políticos como Antoni Maura y músicos como Antònia Font, asiste entre indiferente y perpleja al desfile de políticos imputados en casos de corrupción como si de una tragedia griega se tratara.

Esta Mallorca que se vanagloria de haber provocado el síndrome de Stendhal en personalidades como Frédéric Chopin -no a la baronesa George Sand--, Robert Graves, Pablo Neruda, Michael Douglas o Jorge Luis Borges se siente maltratada por estos políticos de finales del siglo XX y principios del XXI. Como buena isla, aguanta ojo avizor lo que vendrá y lo hace con ese fatalismo mediterráneo que pronostica que, sea lo que sea, no será nada bueno.

Dos presidentes procesados

Para los mallorquines, el del duque de Palma es otro caso más en esta ópera bufa de la corrupción en las administraciones públicas y de tramas de evasión fiscal que hace más de 20 años que se representa en Mallorca. Dos de los cinco presidentes que ha tenido la comunidad desde el comienzo de la democracia -Gabriel Cañellas (UM) y Jaume Matas (PP)- se han enfrentado a la justicia. Y Matas, presidente autonómico entre 1996 y 1999 y del 2003 al 2007, también aparece como imputado en la misma causa que Urdangarín.

Que políticos y empresarios hagan el paseíllo hacia los juzgados es ya tan normal en la isla que los mallorquines se lo toman con indiferencia. Es más, los ciudadanos parecen haberle dado la espalda a la casta política. El mismo Jaume Matas, en declaraciones al programa de televisión Salvados, declaró que recibía al duque precisamente por llevar el gentilicio, Palma, en su título nobiliario, y que valía la pena «costase lo que costase». En esas declaraciones que hizo a Jordi Évole, Matas pronunció una frase que los mallorquines pillaron al vuelo: el expresidente balear dijo no querer «saber nada de la política».

Se unía a esa inmensa mayoría de mallorquines que se sienten al margen de la política, que abominan de ella y que ya hace varios años que ni siquiera siguen las informaciones que tengan que ver con la corrupción. De hecho, desde que Juan Ramón Bauzá es presidente de la Comunidad lo tiene más fácil: IB-3, la televisión autonómica, ha cambiado su política, y Tele Mallorca, que hacía un amplio seguimiento de los casos de pillaje, ha cerrado. En las radios se escucha a más a Lady Gaga y Justin Bieber que noticias.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó justo después de las elecciones autónomicas, en mayo del 2011, un barómetro que refleja esta indiferencia: un 57% de los encuestados en Baleares consideraban la situación política como mala o muy mala. Un 8% no contestaban o no lo sabían. ¿Cómo puede haber un 43% que vean la situación política como salvable y un 8% que no saben / no contestan en una comunidad pequeña en la que la corrupción afecta a tanta gente que casi todo el mundo tiene un vecino, un compañero o sabe de alguien que ha sido encausado en algún sumario? No se sabe y no se entiende.

El uso de Marivent

Otro ejemplo de la indiferencia: el pasado sábado 11 de febrero, cuando llegaba a declarar a la Audiencia de Palma el núcleo duro de Nóos

-los hermanos Tejeiro, Diego Torres y Salvador Trinxent- no había ningún mallorquín que los esperara. La escena era digna de Blade runner: francotiradores en las azoteas, policías armados y solo una familia de gitanos -que pasaban por ahí porque su padres estaban declarando- a quienes los presentadores de una tele instruían sobre quién era Iñaki Urdangarín antes de ponerles la alcachofa del micrófono en la boca y convertirlos en la voz de la opinión pública mallorquina.

¿Tratará la ciudadanía con la misma indiferencia el próximo sábado a Urdangarín cuando haga el paseíllo en el juzgado? Es cierto que el desinterés es el clima dominante, pero el hecho de que el duque de Palma pudiera haber utilizado como escenario de sus negocios turbios el palacio de Marivent -un inmueble cedido al Rey, pero cuya titularidad pertenece a los mallorquines- es una verdadera afrenta y la gota que colma el vaso de la corrupción.

Cayó el yernísimo y, en Mallorca, esta debacle causa tristeza y malestar porque «la codicia», se lamentan muchos, ha contaminado a una institución que muchos sienten como propia y a otros, como mínimo, no molesta. En Mallorca, el Rey (no Urdangarín) puede aparecer cualquier miércoles en el mercado de Sineu y ser uno más en un bar de toda la vida; en Mallorca, el Rey descansa de la corte y, cuando la tiene ahí, los muestra ante las cámaras.

Es cierto que, visto desde fuera, lo que está viviendo Mallorca es kafkiano. El Partido Popular, el que más casos de corrupción acumula, ha ganado las últimas elecciones autonómicas por mayoría absoluta. «El PP supo renovarse. Borró del mapa a los que están imputados en casos de corrupción», dice un periodista especializado en estos temas.

En este 2012, la Fiscalía Anticorrupción de Palma trabaja con 20 casos de presunta corrupción, la mayoría correspondientes a la legislatura 2003-2007, cuando el PP y Unió Mallorquina (UM) gobernaban en coalición en las principales instituciones. «Está demostrado que muchos políticos sintieron que estaban por encima del bien y del mal, que podían hacer lo que querían. Lo peor es que, pese a todo este esfuerzo, la corrupción no acabará», se queja una fuente de la Fiscalía.

«¿Por qué siempre en Mallorca?». «¡Somos gente honrada, trabajadora!». «Estos ni siquiera están a la altura de Joan March!». Son preguntas y exclamaciones que se escuchan en bares, cafeterías, sobremesas y hasta en ese tren sin sentido -una sola vía de ida y vuelta- que une el este y el oeste de una isla cada vez más dividida entre Palma y Part Forana (todo el territorio que rodea la capital), entre políticos y sociedad civil y entre los llamados los izquierdistas y la derecha que, en esta isla, no solo tiene que ver con qué partido se vota.

«Mallorca no es Sicilia. Ha sido gobernada por unas personas que se han aprovechado de su cargo y se han burlado de la democracia. Han pervertido la convivencia y han dividido la isla. Hay un divorcio evidente entre la gente y los políticos. La mayoría de los mallorquines están educados con unos valores que nos han distinguido siempre y que nada tienen que ver con el dinero fácil, la especulación, la ostentación», explica Jaume Mateu, presidente de la Obra Cultural Balear (OCB). «Estos casos de corrupción empañan de manera fatal los valores propios de aquí: el esfuerzo, el conocimiento, la formación», añade Jaume Mateu.

El prefacio de los 20 casos que actualmente ocupan a la Fiscalía -en el año 2010 se archivaron dos sumarios- ocurrió en 1995 cuando otro presidente balear, Gabriel Cañellas, tuvo que dejar la política por un caso de adjudicación irregular de las obras de construcción del Túnel de Sóller. En aquel momento no fueron los mallorquines quienes lo echaron de la política. Fue el mismísimo José María Aznar quien dijo basta. Los acusados fueron absueltos por prescripción del delito. Desde entonces, Aznar es persona non grata en Bunyola, el pueblo de Cañellas.

Saqueo del territorio

En el 2006, quien abrió la caja de los truenos fue una organización civil mallorquina que durante años ha denunciado el expolio y maltrato del territorio insular. En el Grup Ornitològic Balear (GOB) interpuso hasta 40 denuncias en el conocido como caso Andratx. Se cuenta en la isla que cuando la Guardia Civil registró el Ayuntamiento de Andratx, un periodista se equivocó de pueblo y se fue al consistorio de otro municipio que, tiempo después, también sería registrado. Todo el mundo sabía entonces que en algunos ayuntamientos «se habían intentado hacer duros a cuatro pesetas con la especulación urbanística», se escucha en cualquier café de la isla.

Esos seis años, entre 2003 y 2007, fue un periodo de especulación salvaje; casi de manual de cómo acabar con un territorio. En Mallorca, que siempre ha andado a la deriva en cuanto a modelo turístico, se instauró la dictadura del cemento y del asfalto; se permutaba suelo por el ansia constructora; nacían urbanizaciones de la nada, se hacían campos de golf sin mesura, y, lo peor, pasó a ser normal lo de enriquecerse de un día para otro. «La dialéctica de los políticos en cuanto al modelo turístico ha sido contradictoria con la práctica. Se habla de calidad, de crecimiento horizontal, pero en la práctica se hace todo lo contrario», explica Miquel Àngel March, del GOB.

En las elecciones autonómicas del 2006, Francesc Antich (PSOE) regresó a la presidencia de la Comunidad (ya lo había sido entre 1999 y el 2003) y el Gobierno se encontró con las arcas vacías y con facturas sin justificar, tarjetas públicas que habían sido utilizadas en prostíbulos. Empezaban las investigaciones.

Lugareños avergonzados

Entre el 2006 y 2012, ha habido 500 políticos imputados por corrupción. La cifra, que puede aumentar, escandaliza a cualquiera y las formas avergüenzan a los lugareños. En estos seis años, los mallorquines han sabido de políticas que escondieron millones de euros enterrados en su jardín en una lata roja de Cola Cao; de óperas faraónicas que nunca se hicieron y por las que se pagaron millones de euros hasta por la maqueta. De facturas escritas en chino por políticos que no saben el idioma. De políticos que pagaban en burdeles con dinero público. De muertos que, por arte de la resurrección, votaron.

Aun así, igual que Jaume Mateu, Miquel Àngel March tiene claro que en la isla «no hay más casos de corrupción que en otros lugares». «Hubo un cambio de Gobierno. En el 2007, Antich pactó un gobierno de coalición de centro-izquierda con UM, Bloc per Mallorca y Eivissa pel Canvi. Además, hay una Fiscalía que funciona y está comprometida», dice. También estuvo de acuerdo en Salvados en que no hay más casos que en otras comunidades.

Desde la óptica insular, hay un antes y un después de la actuación de la Fiscalía: Unió Mallorquina, el partido tradicional de centroderecha y la alternativa histórica al PP en las urnas, desapareció de las instituciones y, tras agonizar durante un tiempo, ha muerto. Bartomeu Vicens, exsecretario general de esta formación, está en la cárcel corrupción. Maria Antònia Munar, la que había sido presidenta del Consell de Mallorca y conocida como La princesa de la isla, ya ha hecho varias veces el mismo paseíllo que hizo Matas por última vez en enero y que hará Urdangarín el próximo sábado.

De hecho, a pesar del duque, el caso de corrupción más grave para los isleños es el de Jaume Matas, que fue imputado en enero del 2009 en el caso Palma Arena. Mallorca navegaba en aguas inciertas: se supo que Matas había adquirido un palacio renacentista (Sant Feliu), que lo había llenado de objetos ostentosos (la escobilla del váter Lulú de 375 euros fue demasiado para el carácter circunspecto de los isleños); que pagaba aquí y allá con billetes de 500 euros; que tenía un piso de lujo en Madrid... que puso a nombre de su madre, una señora octogenaria, un piso en la costa sur...

Los mallorquines dicen que cuando se fue a servir a Aznar a Madrid (2000-2003), Matas se olvidó de algo: «En una isla el anonimato no existe. Todo el mundo sabe lo que está haciendo el otro». Cometió otro pecado. Escribió José Castro, el juez del caso, que Matas se quiso reír de los mallorquines y que ordenaba a sus trabajadores con un «hágase». Se olvidó de que en esta isla la ostentación en manos de lugareños es pecado. El expresidente es, según los mallorquines, la representación del botifarra, un desclasado que viene de la clase obrera de izquierdas y que se olvidó de que trabajo y esfuerzo son los valores más preciados aquí.

En marzo del 2010, la organización ecologista GOB, la Federación de Asociaciones de Vecinos, la Obra Cultural Balear (OCB), el Lobby de Dones, el Fòrum Ciutadà de Mallorca, Gent de Marratxí y Amics i Amigues de Son Sardina constituyeron una plataforma ciudadana contra la corrupción. En menos de 15 días, se unieron a ella 120 entidades. Se dijo entonces que la plataforma nacía como una «cura cívica». La sociedad mallorquina decía basta.

Dos años después, la plataforma está callada. «Se creó para denunciar el clima de impunidad y acabar con él. Fue una repuesta ciudadana: se reclamaron más actuaciones y se pidió que se devolviera el dinero robado. En estos momentos, la plataforma no está activa porque está empezando la instrucción de los juicios», explica March, del GOB.

En enero cuando el caso Urdangarín empezaba a lenvantar ampollas y el duque se escondía de los periodistas en Washington -incluso corriendo a todo galope para evitar a las cámaras- Urdangarín fue tema de glosa, sátiras que se cantan en las hogueras que se encienden por Sant Antoni, como también lo fue Matas. Había algo en esas glosas que anunciaba que Mallorca aguantará como ha hecho siempre. Piratas, fenicios, árabes, reyes catalanes, reyes castellanos, turoperadores alemanes y más recientemente especuladores han querido apropiarse de la isla.

Es cierto que algunos lo han hecho durante años o siglos, pero siempre se han ido. ¿Qué parasá con Urdangarín? «Si es cierto todo esto, no volverá a poner un pie en la isla», decía un mallorquín frente a una hoguera de Sant Antoni. Sa Roqueta no perdona. ¿Qué pasará con la clase política? «Los mallorquines que por su carácter, preparación y catadura cívica podrían ser notables dirigentes políticos, no dan el paso ante un panorama político tan árido. Quizás ese sea el problema», analiza Mateu.

¿Vendrán en verano?

De momento, los mallorquines -incluso los de no sabe / no contesta- reclaman: «Que nos devuelvan el dinero». ¿Qué pasará con los encausados? De nuevo la indiferencia: a Gabriel Cañellas la ciudadanía parece haberle perdonado. A Vicenç Grande, el que fuera el magnate del RCD Mallorca y levantó un imperio del ladrillo, fue declarado culpable de mala gestión. Había dejado en la pobreza a cientos de personas. Quedó en agua de borrajas. Indiferente, Grande se deja ver con su cochazo por las zonas transitadas por la corte: Andratx, Portal Nous o el paseo Marítim. A nadie parece importarle: de nuevo indiferencia isleña. ¿Vendrá la corte este verano a Mallorca? Nadie quiere hacerse la pregunta.

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