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INICIATIVA MÉDICA | Contra la ceguera evitable

Millones de personas pierden la visión en países pobres por patologías fácilmente curables

Expediciones solidarias de oftalmólogos devuelven la vista a centenares de ellas

Lunes, 22 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARMEN HIERRO
BARCELONA

Hay alrededor de 32 millones de personas ciegas en el mundo que podrían curarse y volver a ver con normalidad el mundo que les rodea. La mayoría viven en países en vías de desarrollo, donde unas simples cataratas, que en Occidente se resuelven con una sencilla operación, dejan ciego sin remedio. Para luchar contra esta ceguera evitable, varias fundaciones y oenegés envían regularmente oftalmólogos a operar en países como Bolivia, la India, Senegal y Mozambique. «Poder ayudar es una gran satisfacción», dice Ricardo Pedro Casaroli, profesor de Oftalmología de la Universitat de Barcelona y miembro de Ulls del Món.

En Bolivia Revisión de la vista a un paciente de Ulls del Món en el Hospital de El Alto, en el 2011. ARCHIVO / ELISENDA PONS

En Bolivia Revisión de la vista a un paciente de Ulls del Món en el Hospital de El Alto, en el 2011. ARCHIVO / ELISENDA PONS

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Información publicada en la página 32 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 22 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Estas expediciones suelen durar una o dos semanas y en ellas «se intenta que cada cirujano opere entre 25 y 30 personas al día», explica Elena Barraquer, vicepresidenta y directora ejecutiva de la Fundación Barraquer, que viaja unas siete veces al año. Se desplazan unas siete personas, entre cirujanos, enfermeros y técnicos ópticos, y el coste está en torno a los 25.000 euros. La financiación, en el caso de la Fundación Barraquer, es privada. Ulls del Món, por su parte, cubre aproximadamente el 50% con donaciones privadas y el resto con aportación pública. «Pero cada vez la financiación es más escasa. Los recortes los estamos notando todos», dice el doctor Casaroli.

Nueve de cada 10 operaciones que se llevan a cabo son de cataratas, la primera causa de ceguera en el mundo. «Es increíble encontrar a gente que lleva años sin ver y a la que en un par de horas se le devuelve la vista», relata el doctor Borja Corcóstegui, director del Instituto de Microcirugía Ocular (IMO) y voluntario de Ulls del Món.

Eso no quiere decir que todo sea fácil. «Se ven muchas cosas y a veces sientes una frustración enorme al comprobar que no puedes solucionarle el problema a un paciente por no tener el material necesario», admite el doctor Casaroli. Por no hablar de las diferencias culturales, la burocracia y el papeleo. «Tenemos muchos problemas para pasar el material por las aduanas, tenemos que pagar licencias, y a veces no nos entendemos con los médicos que trabajan allí por los horarios», explica la doctora Barraquer.

La satisfacción que da ayudar a quien lo necesita y la gratitud que muestran los pacientes lo compensan todo. «La gente es muy agradecida. Quieren invitarnos a su casa, nos dan de comer, y hasta alguno se arrodillaba en el suelo para darnos las gracias¿ A nosotros estas cosas nos dan mucha vergüenza», dice el doctor Corcóstegui.

Pero es que para los pacientes el cambio es vital. Muchos de ellos recuperan la vista tras pasar largos años con muy poca o nula visión, sin poder trabajar o estudiar y apartados socialmente. «No es lo mismo ser un ciego en Occidente que en un país en vías de desarrollo. Yo, por ejemplo, me he casado, salgo con mis amigos, trabajo y hago deporte. Pero allí son unos parias», explica Manel Martí, director de la Associació Discapacitat Visual Catalunya, que colabora con las expediciones.

Los oftalmólogos desgranan un sinfín de casos emotivos. «En Mozambique, recuerdo a dos pacientes de mediana edad que habían sido abandonados de pequeños por no ver. Fue terrible escuchar su historia», cuenta Elena Barraquer, aunque añade con una sonrisa: «Lo bueno fue que cuando nos fuimos, ellos ya veían». «En Mali, una mujer había dado a luz a su hijo cuando ya había perdido la visión a causa de las cataratas. No le vio la cara a su bebé hasta que llegamos nosotros. Fue muy conmovedor presenciar ese primer momento», recuerda el doctor Corcóstegui.

Otras situaciones «requieren la imaginación de los médicos», relata Casaroli. Y pone el ejemplo de la operación del único ojo que le quedaba a un saharaui, que se complicó. O actuaban pronto o lo perdería. No tenían el material necesario, por lo que la única solución era trasladarle a un hospital. El más cercano estaba en Argelia, y el hombre no tenía pasaporte. «Al final logramos el de una persona que se le parecía y pudo viajar. Le operaron y recuperó la vista de ese ojo», cuenta emocionado.

Por estos pacientes y por todos los ya operados y los que quedan por pasar por sus manos, los especialistas piden la colaboración ciudadana. «Todos podemos aportar nuestro granito de arena», asegura el doctor Casaroli.

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