El Periódico

RETOS DE LA SOCIEDAD DE CONSUMO

Consumidores contra la obsolescencia programada

Usuarios y colectivos en pro de la economía sostenible reclaman leyes contra aparatos y artículos de poca durabilidad

Los fabricantes aseguran que apoyan las medidas y cargan contra productos no homologados y de muy bajo coste

Consumidores contra la obsolescencia programada

AP / JOE CAVARETTA

Manifestantes en pro del reciclaje electrónico en la feria CES de Las Vegas. 

CARMEN JANÉ / BARCELONA

Viernes, 27 de mayo del 2016 - 20:03 CEST

La obsolescencia programada, aquellas medidas que hace que los aparatos o artículos dejen de funcionar antes de su ciclo natural del vida, es algo más que un mito urbano. La Comisión Europea aprobó ya en el 2013 un dictamen por el que se pedía que los países dictaran leyes contra esa especie de muerte prematura. Solo Francia lo cumplió. Ahora en España varios grupos reclaman a los partidos políticos que se legisle contra la escasa durabilidad de los aparatos electrónicos, porque denuncian que han sido diseñados para durar cada vez menos, sea porque los materiales empleados son cada vez peores o porque se hayan programado (en el caso de los electrónicos) para que tengan fallos una vez pasada la garantía.

La fundación Feniss, que da un sello de calidad a empresas que quieren ser certificadas contra la obsolescencia programada, organiza este sábado un debate con colectivos en pro de la economía sostenible y representantes de partidos políticos para pedirles propuestas contra esta práctica. Unas medidas que ya habían reclamado anteriormente las asociaciones de consumidores OCU y Facua, entre otras, y que el pacto entre PSOE y Ciudadanos para intentar formar Gobierno también puso por escrito.

"Hay productos que podrían fabricarse para durar más tiempo, pero el coste lo desaconseja", admiten los fabricantes

“Las denuncias por obsolescencia programada no suelen prosperar porque es muy difícil demostrar que un fabricante ha hecho que un producto no funcione de modo intencionado”, recuerdan en la Agència Catalana de Consum. Las leyes actuales también obligan a los fabricantes a respetar las garantías y a reparar gratuitamente un aparato dentro de un plazo de dos años desde la fecha de compra, además de disponer de piezas de repuesto durante un periodo concreto, pero también incorporan la necesidad de que al fabricar un producto se tenga en cuenta cómo se va a reciclar.

MÁS ALLÁ DE LA ELECTRÓNICA

Pero no solo los aparatos electrónicos o los electrodomésticos son susceptibles de sufrir obsolescencia programada. La ropa, las bombillas o los muebles también duran menos por los materiales que se utilizan. “No hay nada que indique que existe la obsolescencia programada, pero sí es cierto que hay productos que pueden fabricarse con más larga vida, aunque los cambios tecnológicos y el coste de los materiales lo desaconsejen”, explica Gonzalo Torralbo, secretario general de Recyclia, la plataforma de la industria tecnológica para el reciclaje. “Antes los electrodomésticos tenían más metal que ahora, y por tanto también tenían un aprovechamiento mayor de los materiales y estos valían más. Ahora algunos plásticos también se reciclan pero su valor es menor”, añade.

Motivos para no cambiar

En ocasiones son las tiendas quienes rechazan la innovación que puede suponer un producto que dure más. Es conocido el caso de las primeras bombillas LED que no encontraban quien las distribuyera porque las grandes ferreterías tenían miedo de la bajada de ingresos que suponían luces que prometían duraciones de 20 y 30 años y no eran mucho más caras.

El caso de las televisiones, que han vivido el doble cambio tecnológico de la TDT y la pantalla plana en pocos años, han pasado a cambiarse cada década cuando eran de tubo catódico a cada 5 años cuando son pantallas planas. Por el contrario, lavadoras, neveras y secadoras se suelen cambiar por problemas técnicos pero tras una vida media de 13 años, según el informe del Comité Económico y Socia Europeo.

La agencia alemana de consumo, la UBA, publicó el pasado febrero un estudio que concluía que los electrodomésticos duraban de media un año menos que hace una década, pero lo atribuían a la búsqueda de nuevas prestaciones y negaban cualquier atisbo de obsolescencia programada. Por el contrario, otro informe del Comité Económico y Social Europeo, un órgano consultivo de todas las instituciones de la UE, sostiene que las ventas aumentan un 56% si un producto se etiqueta como “de larga duración”.

En el caso de España, el 16% de los consumidores afirma que pagaría más por un móvil si les garantizaran que durará más y el 44% pagaría 100 euros más por un lavavajillas que durara al menos dos años más. Una de cada cinco personas consultadas asegura que pagaría más caros impresoras, aspiradoras, zapatos, maletas y pantalones si no tuviera que renovarlos tan a menudo.

FABRICANTES QUE NO CUMPLEN

Los fabricantes de electrodomésticos, tanto pequeños como grandes, niegan rotundamente que exista la obsolescencia programada y apelan a los controles de calidad y a las homologaciones que han de pasar sus productos. “Otra cosa son las importaciones con marcas desconocidas que colocan productos a precios irrisorios, incumpliendo muchas veces la legislación y la seguridad industrial. Cada semana nosotros denunciamos una decena de productos ante consumo”, afirma Jesús Sevil, secretario general de la Asociación Española de Fabricantes de Pequeños Electrodomésticos (Fape). “La ventaja que tenemos los grandes fabricantes es que quienes compran aparatos de tan mala calidad no repiten”, ironiza.

Sevil sostiene que el 80% del pequeño electrodoméstico en España tiene más de 12 años, cuando a partir de ocho años se considera que un producto es “histórico”. “Hay un ‘efecto tesoro’, que es guardar el aparato antiguo cuando te compras uno nuevo esperando usarlo como reemplazo, pero cuando lo vas a usar ya no funciona”.

RENOVACIONES POR AYUDAS

Los fabricantes de grandes electrodomésticos, agrupados en Anfel, sostienen que secadoras, lavadoras y lavavajillas tienen un uso diario mayor que hace unos años. “Antes la lavadora se ponía en marcha en los hogares una vez a la semana y actualmente se puede llegar a utilizar de media entre 3 y 4 veces por semana, pero también se han comprado más porque ha habido ayudas económicas a la renovación de aparatos durante los años anteriores a la crisis”, afirma Alberto Zapatero, director general.

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