Apesar de su abolición legal, en Catalunya todavía se pueden ver corridas de toros. Quienes mejor lo saben son turistas, mayoritariamente rusos, que acuden en autobús desde la Costa Daurada a las plazas de dos ganaderías de Alfara de Carles (Baix Ebre) para disfrutar de un reclamo 'typical spanish': un espectáculo taurino con toreo de muleta incluido. Eso sí, nada de banderillas, ni mucho menos estocadas ni muerte final: "No hay sangre que pueda herir la sensibilidad del espectador y vemos que lo agradecen", asegura Àngela Mur, la propietaria de la ganadería Mur, cuya plaza arde tres días a la semana con los excitados turistas.
Su propuesta, como la de la vecina ganadería de Rogelio Martí, consiste en mostrar al público una actividad habitual para el ganadero, la denominada tienta: "Se trata de que los novillos vírgenes, que nunca han salido a la plaza, sean probados por los profesionales con el fin de valorar sus cualidades. Se suele hacer bajo la mirada de especialistas o invitados, mayoritariamente relacionados con el sector, y es también lo que se exhibe en forma de demostración a los turistas", explica Mur.
Estos, tras degustar una paella y un espectáculo flamenco, acompañan con vítores las evoluciones de un torero de una escuela taurina aragonesa que realiza los pases, toca al animal con banderillas cuyo extremo punzante se ha sustituido por una ventosa y simula una elegante estocada sin más arma que los dedos de la mano. El espectáculo incluye también en ocasiones una exhibición de las habilidades de recortadores.
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