Jordi Vilaseca tiene 33 años. Cuando tenía 18, sufrió un accidente de moto. Estuvo dos meses y medio en coma y no recuerda todo lo que le pasó. El choque le llevó a una silla de ruedas para siempre. Pero de eso hace mucho tiempo. Es traductor y vive en el Eixample barcelonés. Como tantos otros lesionados medulares, estuvo ingresado en el Institut Guttmann, cuando su sede todavía estaba en la Meridiana.
En primera persona Jordi Vilaseca dialoga con los alumnos del Institut de Sales de Viladecans, ayer. JOAN CORTADELLAS
Información publicada en la página 34 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 25 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hace un año, acudió al centro para someterse a una prueba médica y, al pasar frente al despacho de los responsables de educación viaria, entró. Dijo que le haría ilusión colaborar y se convirtió en uno de los afectados por un accidente de tráfico que la Guttmann envía a los centros escolares con el propósito de concienciar a los más jóvenes para que sean precavidos a la hora de ponerse al volante o, en la mayoría de casos, a la hora de coger el manillar de una moto.
Jordi es el elegido ahora para participar en el programa de la Fundació Abertis que, bajo el nombre de Auriga, pretende llegar a los institutos catalanes con ese mismo fin. Ayer estaba en la sala donde se presentó la iniciativa, pero él no habló. Se mantuvo en un discreto segundo plano, aunque tanto el presidente de Abertis, Salvador Alemany, como el director del Servei Català de Trànsit, Joan Aregio; la directora general de Educació Secundària Obligatòria, Teresa Pijoan, y el jefe de los programas sociales del Institut Guttmann, Àngel Gil, subrayaron la importante tarea que lleva a cabo.
De momento la prueba piloto se realizará con los estudiantes de entre 14 y 18 años de 11 institutos -ocho del distrito de Les Corts de Barcelona y tres de Viladecans (Baix Llobregat)-, que escucharán las recomendaciones de Jordi para realizar una conducción segura. «No les pego el rollo, sino que me adapto a su lenguaje y si para captar su atención hace falta soltar un taco, lo hago», decía riendo.
Educación en familia
La directora general de la Conselleria d'Ensenyament avanzó que el objetivo es llegar a todos los institutos catalanes. Aregio recordó que, como cada vez se llevan a cabo más acciones de este tipo y desde hace más tiempo, las charlas a los más jóvenes ya han empezado a dar resultado. Los datos de Trànsit revelan, por ejemplo, que los más jóvenes cada vez dan menos positivos en los controles de alcoholemia y drogas, cosa que no ocurre entre los mayores de 55 años.
Otra de las ventajas de fomentar conductas cívicas al volante entre los adolescentes es que estos se convierten en portadores de ese modo de hacer entre su familia y sus amigos. «Es como una mancha de aceite que llega a todos», opinaba Teresa Pijoan. «Lo que ellos aprendan ahora les condicionará en el futuro a la hora de conducir», sostuvo Salvador Alemany, quien recordó que la fundación tiene en marcha distintos programas, como el de Et queda una vida, donde se exponen los riesgos de las malas prácticas al volante. «La seguridad vial es una inquietud social», concluyó.