El mar de la idílica costa toscana se enfurece por momentos. Hasta el punto de hacer mover el descomunal casco del Costa Concordia, que descansa de costado frente a la isla de Giglio, tan coqueta que el transatlántico se antoja un elemento deforme por lo discordante de sus dimensiones. La mole en movimiento, por leve que este sea, se puede convertir en una trampa mortal para los cientos de profesionales que trabajan en el dispositivo de salvamento. Una gigantesca operación que, con el paso de las horas, se revela más complicada, peligrosa, lenta y larga.
Información publicada en la página 29 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 17 de enero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Lo corroboraron ayer los responsables de los tres cuerpos que integran el dispositivo -los bomberos, la Marina y la Guardia Costera italiana- y el hecho de que el curso del rescate tuviera que detenerse durante unas cuatro horas, entre mediodía y primera hora de la tarde, para garantizar la seguridad de los
equipos.
El sexto cadáver, encontrado la madrugada del lunes, aún no había sido extraído ayer por la tarde. Es una tarea «complicadísima», explicaron ayer fuentes de los bomberos, por el peligro que entraña y el tiempo que se debe invertir. Solo un ejemplo de lo que queda por hacer, teniendo en cuenta que hay 15 personas desaparecidas, las cuales, aunque ningún profesional lo admite públicamente, se cree que están dentro del barco. Y muertas. «Espero que no estén dentro del buque», dice Filipo Marini, capitán de fragata de la Guardia Costera, a pie de puerto y de impecable uniforme. Pero su cara delata que no da ninguna credibilidad a sus propias
palabras.
Un laberinto
El interior del buque es un peligroso laberinto. Con un plano del barco en las manos, cada uno de los tres cuerpos se ha hecho cargo de un tercio de la nave aplicando idénticos sistemas de trabajo. La compañía naviera les ha facilitado la lista de los pasajeros y sus respectivos números de cabina, de tal manera que lo primero que se está haciendo es intentar acceder a los camarotes que tenían asignados los desaparecidos. «Estamos yendo camarote por camarote», detallaron ayer fuentes de los bomberos, cuyos 115 especialistas rastrean, sin parar y siempre que el tiempo lo permite, el tercio de la nave asignada. «Todos estamos especializados, o bien en espeleología o bien en salvamento subacuático», explica el portavoz de los bomberos, Stefano Giannelli. De momento, la prospección se limita a la zona seca, la parte del buque que sobresale. Bajo el agua, el planteamiento será el mismo pero mucho más complicado. Las previsiones meteorológicas para los próximos días, además, no auguran nada bueno.
El fantasma de un vertido
Si preocupan las personas, sean pasajeros desaparecidos o profesionales del salvamento, también inquieta en gran medida el fantasma de una marea negra. No en vano el buque tiene en sus tripas 2.300 toneladas de fuel. Un consorcio de empresas holandesas trabaja desde el primer momento en el estudio de cómo garantizar un vaciado limpio.
Es una de las máximas preocupaciones de las gentes de la isla de Giglio, en boca de su alcalde, Sergio Ortelli. «Espero que se estén haciendo las cosas bien», dice con cara de contrariedad. «Un vertido de fuel sería una ruina natural y económica para una zona que vive casi exclusivamente del turismo». Mientras, el segundo hotel de la isla se apresura a abrir sus puertas. El rescate va para largo.
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