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Cacahuetes y canicas

Ingenieros de la NASA y científicos de todo el mundo vivieron con tensión el difícil aterrizaje

Martes, 7 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
M. C.
BARCELONA

«Todo el mundo, tanto quien estaba en la NASA como quien seguía el aterrizaje por internet, contenía la respiración». Así recuerda Agustín Chicarro, científico principal experto en Marte de la Agencia Espacial Europea (ESA) los momentos anteriores al aterrizaje del Curiosity. La tensión se podía percibir hasta a través del streaming de la NASA. Adam Steltzner (el ingeniero responsable de las operaciones, reconocible por su aspecto de cantante folk de los 50) caminaba nerviosamente ante la pantalla.

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Un conjunto de rituales («tradiciones», en palabras de los ingenieros de la NASA) ayudó a los científicos a atenuar la tensión. Tras situar la cápsula de Curiosity en modalidad autónoma irreversible, corrieron por la sala de control botellas llenas de cacahuetes, algo que se repite desde que una misión anterior fue exitosa. El técnico Bobak Ferdowsi apareció con un estrambótico corte de pelo inspirado en la bandera americana. En cada misión luce uno distinto.

Latidos y aplausos

«Seis latidos acompañaron la bajada de la cápsula a través de la atmósfera», explica Roser Urquí, del Centro de Astrobiología (CAB) de Madrid, que ha participado en la fabricación de un instrumento del Curiosity y seguía el evento desde Madrid. Se refiere a unas señales características que la cápsula envió para advetir de que cada fase de la operación se había completado correctamente: tras cada latido, se sucedía un aplauso en la sala de control de Pasadena, y otro en Madrid. «Durante los últimos minutos había un silencio absoluto», explica Fernando Abilleira, ingeniero de la NASA que operaba uno de los ordenadores de control.

A las 7.32, la sala recibió una señal de unas antenas en Australia que procedían de un satélite que orbita alrededor de Marte, que a su vez lo había captado del Curiosity: era la señal con la que el rover comunicaba que había llegado a destino. En ese momento, todo el mundo estalló de felicidad. «Una emoción tremenda», dice Felipe Gómez, investigador del CAB, que estaba el centro de la NASA en California.

«Fue algo surrealista: la operación era tan difícil que costaba creer que todo había ido tan bien, sin ningún error o imprevisto», dice Abilleira. A las 7.35, otro satélite pasó encima del Curiosity, captó la primera foto de Marte del rover y la transmitió a la Tierra. Es la imagen que muestra el suelo del planeta sembrado de piedrecitas, con una rueda del robot en una esquina.

Mientras tanto, tantas personas se habían conectado a los diversos canales de streaming de la NASA, que solo uno de ellos seguía funcionando. Media hora después, los técnicos y científicos ya empezaron a trabajar y siguieron hasta altas horas de la madrugada en EEUU.

El aterrizaje concluyó con otra tradición de la NASA. Steltzner llevó a la sala de control dos cubos, uno vacío y otro lleno de canicas. Cogió una bola y la lanzó en el cubo vacío. Desde hoy, se lanzará una canica más por cada día de misión.

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