«Cuidado, compañeros, vamos allá de donde los demás huyen». Este mensaje grabado en una tabla de madera es una de las últimas cosas que ven los bomberos del parque de Girona al acudir a una emergencia. Y una de las primeras que observa este periodista al llegar allí, a las siete de la mañana del 22 de agosto. Una advertencia que cobra más relevancia si cabe en plena ola de calor, con previsiones de 40 grados en la zona y la alerta por el extremo riesgo de incendios en unos bosques castigados por la sequía y la suciedad acumulada desde el invierno. Las peores condiciones posibles al cumplirse el mes del fatal incendio del Empordà.
Un día de verano con los Bomberos de Girona CARLOS MONTAÑES / MARIESA GONZÁLEZ
Comienza el protocolario cambio de turno, con el jefe de guardia saliente pasando novedades al entrante y los bomberos que se marchan dejando espacio en los colgadores para que el relevo coloque sus equipos. Ha sido una noche "movida", dicen, con dos fuegos y una pequeña inundación. En el párking, se comprueba el funcionamiento de los vehículos, la escala y el buen estado de los utensilios. Es momento de que cojan fuerzas los seis integrantes del relevo -durante el día tienen el apoyo de auxiliares forestales y bomberos de una unidad móvil-. Sonríen cuando se les pregunta por la legendaria barra vertical por la que se deslizan. Ha pasado a mejor vida.
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