Cada año mueren en el mundo dos millones de personas por la contaminación del aire, 1,3 de ellos en las ciudades. El dato de la Organización Mundial de la Salud (OMS) pone de relieve que tras el mal estado del agua, el aire es el otro elemento vital fuente de los mayores problemas de salud. La contaminación industrial, la causada por el tráfico y la debida a las sustancias químicas que se usan en la industria suponen una bocanada de veneno que tiene su reflejo en un aumento de cánceres de pulmón, boca y laringe. Y en una mayor incidencia de cardiopatía isquémica y otras enfermedades cardiovasculares.
Información publicada en la página 29 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 28 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«También puede provocar asma e infecciones respiratorias. Los efectos más graves se presentan en personas enfermas, niños y ancianos», advierte María Neira, directora de Salud Pública y Medioambiente de la OMS, al tiempo que recomienda el uso del transporte público, el desarrollo de campañas para promover la utilización de bicicletas y el destierro del carbón como combustible.
Más letal que el tráfico
«La contaminación del aire por el transporte puede provocar más muertes que los accidentes de tráfico», asegura un estudio de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), que cifra en 6.000 las muertes prematuras por la polución frente a las 2.327 víctimas sobre el asfalto registradas el año pasado en España. El hecho de que las partículas finas (menos incluso de 2,5 micras) alcancen los alvéolos pulmonares, penetren en la circulación sanguínea y se depositen en el corazón explica que la polución del aire por estos microscópicos agentes sea responsable de enfermedades respiratorias y cardiovasculares que causan muertes prematuras.
Pablo Martínez, médico en un centro de salud de Usera, barrio madrileño que suele superar dos veces al año los límites de óxidos de nitrógeno, explica que el principal problema de la polución son las partículas, que pueden ocasionar efectos agudos a las pocas horas o a largo plazo. Entre los primeros cabe destacar «la probabilidad de ingresar en urgencias debido a afecciones respiratorias o cardiovasculares, e incluso de morir».
Los efectos a largo plazo de las partículas han mostrado una reducción de la esperanza de vida en la población más expuesta debido al aumento de las enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón y afecciones respiratorias. Un estudio realizado entre medio millón de personas durante 15 años en EEUU apunta que por cada aumento de 10 microgramos por metro cúbico de partículas en suspensión en el aire durante ese período, la tasa de defunción aumentó un 5%. «Esto significaría que la esperanza de vida en ciudades como Madrid o Barcelona sería por efecto de la contaminación de seis meses a dos años inferior a la de Estocolmo, una ciudad muy limpia», traduce Martínez.
Francisco Feo, coordinador de la Sociedad Española de Alergología e Imnunología Clínica, asegura que la contaminación del aire de las ciudades, «especialmente en España derivada de la combustión de los motores diésel de los vehículos, también altera las plantas y aumenta la agresividad del polen». Este efecto se traduce durante cada primavera en un aumento del número de alergias y de sus síntomas (rinitis, estornudos, mucosidad abundante, conjuntivitis...).