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Vísperas del primer aniversario del 15-M

La asamblea de la marmota

La reunión de los indignados de Gràcia congrega a más de 50 personas que repasan tareas y planes de futuro

La búsqueda del consenso dificulta sobremanera la toma de decisiones

Miércoles, 9 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
TONI SUST
BARCELONA

Asamblea de los indignados de Gràcia, martes a las 19.30. Una hora de duración. Antes que nada, el resumen final: se puede afirmar que en la reunión no se aprobó nada que molestase a alguien. Pero a cambio, en aras del consenso, no se aprobó nada muy concreto. Pero volviendo al principio... El moderador informa de que un medio de comunicación seguirá la asamblea y de que un fotógrafo hará su trabajo, y cunde el mosqueo. «Recuerdo qué se hacía en el franquismo con las fotos de las fiestas», advierte una señora con edad suficiente como para haber vivido la represión de la dictadura. No queda claro a qué se refiere, pero sí que recela y no desentona: caras de angustia, alguno precisa, severo, que no quiere salir en la foto.

Congregados 8 Unos indignados inician su asamblea el pasado lunes en la plaza de la Vila, en Gràcia. JULIO CARBÓ

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Información publicada en la página 36 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 09 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Superado ese escollo, cerca de 50 personas se disponen a participar en la asamblea. Una decena tienen más de 50 años; el grupo mayoritario parece rondar los 30, cinco años arriba, cinco años abajo. La reunión se celebra en la plaza de la Vila (antes Rius i Taulet). Es una de las asambleas de barrio que para muchos indignados se han convertido en el frente de su militancia, un foro reducido en el que por lógica es más fácil consensuar y concretar. Aunque consensuar sigue siendo complicado. Después de que una representante del colectivo de guarderías municipales de Barcelona explique la huelga convocada en defensa del modelo, los representantes de las comisiones explican su lucha sectorial.

El de comunicación dice que se ha completado el tercer número de una publicación. El de la comisión de vivienda y especulación relata que están recabando datos para redactar un informe sobre los pisos turísticos y vacíos del barrio. «La vergüenza aún hace que gente con problemas de vivienda en Gràcia no los explique», lamenta.

Insurgencia laboral

El portavoz de la comisión laboral anuncia un «taller de insurgencia» en el trabajo, un cursillo sobre lo que puede hacer uno «para defenderse en el trabajo. Se explicarán trucos», remacha. Hasta aquí, obra hecha y proyectos reales. De más o menos envergadura, con más o menos recorrido.

Las cosas se complican cuando empieza el debate más abierto. Una chica de la comisión de educación lee un manifiesto que pretende representar al conjunto de los indignados catalanes cara a la celebración del primer aniversario del 15-M, que empieza este fin de semana, el 12-M. Hay enmiendas. Una: «En vez de España yo pondría Estado español», dice una señora. Y eso lleva a una asistente a advertir que en adelante, dadas las modificaciones, ese ya no será un manifiesto unitario, sino propio, de Gràcia. Se aborda si acudir o no a la rueda de prensa que el 15-M ha convocado para mañana. Y si alguien del barrio quiere intervenir. Caras de incomodidad.

«Si quieren saber lo que hacemos que vengan», espeta una chica. Un joven se levanta raudo para advertir: «Prefiero que asistamos a que hable por nosotros alguien de Democracia Real». A estas alturas el universo electoral de la asamblea se ha elevado a 60 personas. Y ante las dudas, votación. ¿Quién está a favor de asistir a la rueda de prensa? Un voto. ¿En contra? Un voto. Problemas. Un joven extranjero llega en bici y sin dejarla pide el micro. Habla en catalán con ligerísimo acento: «Creo que debemos hablar con los periodistas». Una chica, cerca de él, no se lo puede creer: «Esto es volver atrás, esto ya lo hablamos». Niega con la cabeza un rato más.

Planes B secretos

Otro asistente se levanta y se pronuncia en contra de sumarse a manifiestos como el debatido antes. «Fuimos incapaces de consensuar seis líneas sobre la asamblea de Gràcia y ahora aceptamos un texto de página y media», afirma con rabia y, por lo que parece, algo de coherencia. Y la culpa, dice, es de la presión que ejercen «la prensa y los periolistos». «Al final nos acabamos cagando», concluye.

Aunque tienen prevista otra asamblea monográfica sobre el periodo del 12-M al 15-M en el «banco» (los bajos que ocupaba una entidad bancaria y ahora el 15-M, en la Travessera de Gràcia), en la plaza se habla de la cita. Se alude a que durante la acampada en Barcelona, de tres días si nada cambia, los indignados podrían dormir en la plaza de Catalunya agrupados por barrio de origen. «¿Y si no podemos acampar?», pregunta alguien. «Si no podemos acampar hay planes B. Pero no se pueden contar. De hecho, ni yo los sé», explica una mujer con el gesto grave.

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