A estas alturas nadie duda de que la ya archifamosa pista de patinaje de la plaza de Catalunya de Barcelona es todo un éxito si se mide en afluencia de patinadores y curiosos, en colas y en algarabía general de sus usuarios. La pregunta que flota en el aire es ¿ha funcionado también como reclamo comercial? No hay que olvidar que la iniciativa no es del ayuntamiento, sino de la Fundació Barcelona Comerç que aglutina a los 17 principales ejes comerciales de la ciudad y que no solo quería propiciar un ambiente de alegría navideña y de consumo, sino atraer clientes a sus establecimientos. Una primera respuesta es tan cuantitativa como cualitativa: «Ha aportado enormes flujos de gente a la zona, pero sobre todo nos ha devuelto a las familias, que casi no venían por Barna Centre», sostiene Javier Cottet, presidente del colectivo.
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Hasta el pasado día 18, la pista había sido todo un anzuelo para 100.000 curiosos y 25.000 usuarios. Para los que a estas alturas aún no lo sepan, las tiendas de los ejes comerciales de barrio distribuyen vales de 2x1 no solo entre los compradores, sino también entre quienes acceden al establecimiento y los solicitan. De ese modo, el patinaje es el fin, pero por el camino se propicia que el posible comprador se acerque a la tentación, o sea a la mercancía.
En este sentido, la experiencia también ha sido exitosa, según el principal instigador de la pista de patinaje, Salvador Albuixech, presidente de la fundación. «Muchas tiendas nos han pedido reponer los vales y no hemos podido porque no nos quedan», explica. La distribución ha sido masiva, de unos 600.000 bonos, contando con que muchas personas acaben sin utilizarlos. Sin embargo, aunque en muchas tiendas hay de sobras, en otras ya han volado.
Los primeros días la mayoría de patinadores acudían pagando, con ansiedad voraz de probar el invento. Pero no tardó en correr la voz sobre los vales y a día de hoy «casi todo el mundo va con el descuento», detalla Albuixech.
¿Compran?
Entran, pero... ¿compran? «Es pronto para decirlo. De momento, la venta no ha mejorado», apunta, aunque al menos miran, y tal vez haya un esprint final de gasto. El objetivo, como mínimo, es generar ambiente y movimiento.
Javier Cottet, desde el gran mirador que dibuja el Portal de l'Àngel, no se atreve aún a hacer balance de las ventas, pero cree que la aventura de hielo ha ejercido de imán para el público familiar que ya no pisaba el epicentro de Barcelona y se decantaba por los grandes centros comerciales. Y salta a la vista que es así, no solo en las colas sino en todo el ajetreo de la zona. Más de uno acaba con una bolsa, aprovechando el viaje, pero de momento no hay pirueta helada que pueda competir con la crisis.
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