El Periódico

El altruismo singular de los pequeños empresarios

Multitud de iniciativas de responsabilidad social corporativa mueven la solidaridad anónima y silenciosa de 'pimes', cooperativas y autónomos. Su grano de arena significa tanto como las campañas más mediáticas.

CARME ESCALES

Martes, 10 de febrero del 2015

  • ROSAS CRAFTS. En su espacio, la costura construye y justifica esperanza de mujer.

  • KOINÓS. Traductores e intérpretes ofrecen parte de sus servicios de manera altruista.

Pintar un cobertizo, vallar un prado para que no escapen de él cabras y ovejas o construir una escalera con troncos asimétricos para salvar cómodamente, a pie, el desnivel entre dos praderas vecinas son tareas para las que una sola persona necesita varios días para realizar. Sin embargo, la primavera pasada, en apenas tres horas, medio centenar de empleados de Novartis se ventilaron todos esos trabajos. Lo hicieron en la finca del Montseny donde La Tabella Fundació Viver Bell-lloch integra a personas con diferentes discapacidades a través de proyectos como el de la explotación agrícola y ganadera en el que los trabajadores de Novartis aportaron su grano de arena. Lo hicieron, además, en un ambiente distendido y lúdico que también a ellos les sirvió para relacionarse con gente de otros departamentos de la empresa. Era el Día de la Solidaridad de Novartis, una iniciativa que desde 1996 incita a los colaboradores de la farmacéutica a participar, un día al año, en la aportación de alguna acción de ayuda a colectivos en situación de vulnerabilidad. Más de 19.000 personas hicieron algo por alguien ese mismo día de primavera, simultáneamente, en 55 países.

El valor de sumar tantas pequeñas acciones orquestadas por una multinacional es muy loable, pero no más que las pequeñas iniciativas que diariamente también inyectan solidaridad a los más desfavorecidos, desde sencillos comercios o despachos de pequeños empresarios, cooperativas o autónomos que, a pesar de mover menores márgenes financieros, son fieles a una misión social. Drakks.com nació así. Fue engendrada ya desde una motivación social, inspirándose en el modelo de entidad corporativa que incluye el impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente como objetivos definidos jurídicamente. Es una fórmula que fusiona negocio y acción solidaria que ya está legislada en 28 estados de EEUU. Y dentro de dicha categoría, hay firmas que practican el llamado comercio basado en una causa. Se compran y venden bienes con el propósito complementario de apoyar una causa benéfica.

Camisetas con RSC

El negocio de Drakks es tan simple como vender camisetas para correr. Cambia el mundo por menos de 20 euros, reza el eslogan de esta tienda online, buena parte de los beneficios de la cual «revierte en causas y proyectos solidarios», explica su fundador, David Soler. «No somos una oenegé, ni una empresa sin ánimo de lucro. Somos una empresa de capital privado que trabaja para dar valor a las causas al mismo nivel que a los accionistas. Ya tenemos acuerdos con la Asociación Española contra el Cáncer en Catalunya, con la Protectora d'Animals de Mataró y, por el momento, con seis organizaciones más», dice. En su página web describen causas y propósitos y cómo encauzan su ayuda económica. A los runners, adicionados o semiprofesionales, que cada vez cuentan con más carreras solidarias que recogen fondos por una causa, se les suma la propuesta de David Soler.

Erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer y reducir la mortalidad infantil son los cuatro primeros objetivos del libro de ruta solidario de Drakks.com. Cualquier causa social, médica, medioambiental o vinculada al desarrollo en favor de las personas puede salir a correr cualquier día, y en cualquier lugar, con una de las camisetas que diseña y comercializa la firma que ha puesto en marcha David Soler, con un socio y colaboradores que creen también en la división de los beneficios como recurso para encauzar mejor realidades difíciles a nuestro alrededor o en cualquier parte del mundo.

«En un panorama como el actual, con tanta corrupción y mala gestión política y de los recursos, si la responsabilidad social corporativa (RSC) se generalizase, sería una manera de empezar a arreglar las cosas. Es un pequeño grano de arena, pero grano a grano se hace el desierto». Es la opinión de Núria Vallano, presidenta de Koinós, una cooperativa de traductores e intérpretes con casi 15 años de historia, seis miembros y un centenar de colaboradores (www.koinosbcn.com). Su punto de partida también abraza la vulnerabilidad ajena. «Ofrecemos nuestros servicios para facilitar la comunicación, de manera gratuita, cuando las oenegés, cooperativas o cualquier grupo dentro de la economía social y solidaria no cuentan con los medios para poder pagarnos», explica Núria Vallano.

Cuando esos beneficiarios del altruismo de Koinós sí tienen presupuesto para pagar sus servicios, son fieles clientes de los profesionales de esta cooperativa, que aprovecha sinergias de otras, como la de abogados Euroconsell Economic Legal (www.euroconsell.eu). Entre los clientes de Koinós, están Justícia i Pau, Setem y Sodepau. «Siempre cuentan con nosotros y nosotros, gracias a sus proyectos solidarios, sentimos que colaboramos por un mundo mejor», expresa Vallano.

«Con las oenegés no hay ningún convenio firmado. Nuestros pactos son verbales y basados en la buena fe de ambas partes. Existe un acuerdo no firmado por el que, cuando ellos tienen presupuesto, nos pagan a precio de mercado y, cuando tienen poco o nada de dinero, nos adaptamos a sus necesidades», esclarece la presidenta de Koinós, un término griego que significa servicio a la comunidad.

Coser un buen futuro

«Estamos convencidas de que toda empresa, y en particular la nuestra, puede llevar a cabo su actividad de mercado incorporando finalidades sociales en su estrategia, que no solo no impide conseguir los objetivos de beneficio, sino que, así, aporta muchos otros», dice Mireia Rosàs. Ella encabeza el proyecto Rosas Crafts, que acerca el mundo de las labores de la mano de talleres y actividades culturales para todas las edades. Desde él, llevan a cabo la formación, durante seis meses, de mujeres con un alto grado de vulnerabilidad en el oficio de costureras. «Profesoras profesionales de la constura les imparten cuatro horas semanales de clase, hasta completar las 150 horas», detalla Angela Bardají, miembro del equipo de Rosas Crafts. «La Fundació Surt (en colaboración con los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona) nos selecciona a las candidatas a seguir el curso, que el pasado mes de enero iniciaron diez mujeres», añade Bardají.

Una vez finalizado el curso, el proyecto continúa en el taller de confección que, pensando en las mujeres beneficiadas con la formación, Rosas Crafts creó para poder ocuparlas y que pudieran llevar a la práctica, con un trabajo útil, todo lo aprendido. «En el taller, las mujeres reparan ropa de todo aquel que quiera llevarles prendas para arreglar. También realizan trabajos de pequeña confección y, por iniciativa de algunas de las participantes, «hacen vestidos de boda gitana», declara Bardají. «El enfoque solidario de Rosas Crafts es inherente en el proyecto empresarial desde su inicio», dice Mireia Rosàs. «Nuestro reto es que conseguir que el propio taller de costura, como empresa de reinserción, ya cubra en un año sus costos directos. El beneficio personal de actuar con solidaridad dentro de nuestra empresa no es cuantificable porque está en un nivel muy superior», señala Rosàs. «Ahora, una de nuestras necesidades es conseguir el interés de empresas de confección que quieran colaborar con las mujeres de nuestro taller social, dándoles trabajo de confección o manipulación de materia textil. Pero también nos implicamos con las mujeres promoviendo entre ellas la emprendeduría», concluye Bardají, para quien «comprobar que cada uno de noso-tros tenemos en la mano la posibilidad de mejorar, aunque sea poco, la vida de otras personas menos afortunadas es lo más satisfactorio», concluye Ángela Bardají.
También pensando en los más desfavorecidos, o necesitados de una ayuda temporal, en el número 51 de la rambla de Fabra i Puig, en el barrio barcelonés de Sant Andreu, levantó su persiana el pasado mes de diciembre un nuevo negocio: La Vermuteria de Sant Andreu. Es un bar que ha devuelto la vida a un local vacío para hacer de las tapas y el vermut una excusa para crear sinergias entre las personas y entre entidades del barrio. Ya desde su nacimiento, el negocio reserva el 0,7% de sus ganancias, recogidas cada seis meses, para entregar ese dinero a una oenegé o institución de Sant Andreu que lo precise para llevar a cabo acciones de mejora social. «Nuestro bar es del barrio. El paleta y el pintor que nos ayudaron a dejarlo como queríamos son gente del barrio», dice el socio y cofundador del proyecto de La Vermuteria de Sant Andreu, Xavi Latres. «Además, todos los productos que podemos son de proveedores del barrio, y también en el barrio queremos que revierta una parte de nuestras ganancias, una contribución que esperamos, con el tiempo, ir aumentando», precisa Latres.
La fundación privada Trinijove será la primera en beneficiarse de esa mirada altruista de los emprendedores de la vermutería, que también quiere ser un punto neurálgico para dar a conocer las actividades culturales del barrio. «Y tenemos también en mente realizar campañas puntuales para dar a conocer la labor de las entidades que trabajan por la mejora social en el barrio», explica Xavi Latres. Desde Trinijove se desarrollan programas de acompañamiento cultural, formación e inserción laboral para jóvenes en riesgo de marginación social.

Buzón solidario

«Que mejore la calidad de vida de las personas beneficiarias de nuestra ayuda económica» –tal como expresa Eduard Quintana– es también el objetivo de cada proyecto solidario de Traycco, la empresa de buzoneo que Quintana creó en 1987. Con 18 años, retó a su padre para plantar la universidad si era capaz de abrirse camino trabajando, por iniciativa propio. Y lo hizo. Hoy su empresa es líder en evolucionados sistemas de reparto publicitario a domicilio. Hoy reparten una media que supera los 300 folletos al año.
El éxito de Traycco, fruto de la constancia, tesón y esfuerzo del equipo que lidera Eduard Quintana, reporta ganancias económicas, una parte de las cuales van a una causa solidaria. Su pasión por viajar y conocer a los autóctonos de cada lugar, puso a Quintana en contacto con duras realidades de países no avanzados. Y en el ámbito más local de esas naciones es donde ha querido sembrar su porción solidaria.
Buzón Solidario es el nombre de la división de Traycco para la que cada año Eduard Quintana reserva una partida presupuestaria (www.buzonsolidario.com). Son proyectos en los que el empresario se implica personal y emocionalmente. Gestores locales y apoyo desde Barcelona es la dinámica de colaboración. En Perú, lo hacen a través de un orfanato situado en la región peruana de Cuzco. La Casa del Río acoge a una decena de niños y niñas, menores de 17 años que carecían de hogar. Desde el 2012, Traycco atiende sus necesidades materiales, educativas, afectivas y espirituales procurándoles un ambiente familiar, acompañando la gestión local de la oenegé Amantaní, que fue fundada por dos hermanas catalanas que aterrizaron en Cuzco hace más de 30 años.
«Desde Barcelona, se aportan a ese hogar 24.000 euros. «Acepté el proyecto con la condición de poder implicarme emocionalmente con las criaturas», explica Eduard Quintana. «Empecé conversando con ellos 20 minutos semanalmente, y ahora, un día los entretengo jugando con una peluca o les enseño a bailar una canción», detalla. Los equipos multimedia instalados en La Casa del Río lo hacen posible.
Analizar el reparto de la riqueza en el mundo y su impacto en la pobreza, con estadísticas para contextualizar y justificar caminos para un mayor y más justo equilibrio en la Humanidad fue el trabajo de Julieta Goldstein en París, donde trabajó para la Organización de Comercio y Desarrollo Económico (OCDE), «una especie de ONU económica», define esta autónoma, economista especializada en ayudar a las empresas a detectar y corregir todo aquello que no las hace productivas ni económicamente sostenibles. Goldstein dejó su trabajo en una gran aseguradora para poner en marcha Enlaza.org, la ayuda empresarial para ser más eficientes con ágiles herramientas de mejora de negocios.
Convencida del valor de cada aportación individual para mejorar el mundo, Julieta Goldstein emprendió su camino como autónoma con el propósito de partida de dedicar el 20% de su jornada laboral a ayudar a oenegés, y de manera altruista.

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No le asusta tener que ganarse la titularidad, pero tampoco quiere aburrirse en el banquillo