Este verano están pasado cosas mientras yo hago vacaciones del artículo. Con un evidente retraso, comentaré alguno de estos hechos desde mi punto de vista. Pero hoy de lo que quiero hablar, y lo más importante para mí, es la muerte, en pleno agosto, de Josep Maria Ainaud de Lasarte.
Información publicada en la página 27 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 10 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No ha sido solo un hecho dolorosamente personal, sino que mucha gente -me atrevo a decir que todo el mundo- de la cultura y de la política ha sentido la muerte de Ainaud. Un hombre tan vital, tan sonriente y positivo en este país de lágrimas.
Un hombre que se ha pasado la vida impulsando iniciativas de interés general, de las que nunca quiso sacar provecho personal. Una persona generosa es aquella que ayuda a los otros sin querer sacar provecho.
Ya sé que sonará ridículo o tópico, pero digo con plena conciencia que Josep Maria Ainaud era un ángel. Un pacificador. Un hombre con convicciones profundas, pero que comprendía y respetaba la diversidad de opiniones y de actitudes.
Fue un activista sin protagonismo. A él se debe que en pleno franquismo se publicase una antología de poesía universitaria que reunió unos cuantos poemas de los jóvenes universitarios. Pero su nombre no apareció en ningún sitio.
De vez en cuando pasaba por Edicions La Campana, que le publicó El llibre negre de Catalunya -que reúne centenares de agresiones contra Catalunya desde Felipe V-, y siempre se presentaba en la editorial con alguna muestra de chocolate para Isabel Martí. Los tres éramos chocolatófilos.
Y sonreía. Ainaud sonreía a menudo, y a veces reía, pero siempre dentro de los límites de su educación. Era un hombre expansivo, pero sin pasar los límites de la corrección. Una persona culta que no tenía la pedantería de exhibir su cultura.
Tenía un motor que le servía para animar a los demás a iniciar actividades que consideraba útiles e incluso indispensables.
En estos últimos tiempos había perdido la visión, y el motor se había ralentizado. Hasta que ahora se ha encallado. Mucha gente lo sentirá. Porque Ainaud era una persona con profundas convicciones -religiosas, políticas, sociales- y cuando se está preparado, si se es inteligente, se saben respetar las convicciones de los demás.
La muerte de Josep Maria Ainaud de Lasarte se ha producido en un día solar, luminoso. Tenía que ser así. Estaba enfermo, sí. Pero el querido Ainaud ha sido una de las personas más sanas que he conocido.