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Durante décadas, el escenario del acoso escolar fueron las aulas. La llegada de internet provocó que la exposición de la víctima a esas agresiones y humillaciones se extendiese a los hogares, en concreto, en el momento en que esta se colocaba ante el ordenador. Ahora, con el acceso de muchos menores a teléfonos móviles con internet, los conocidos como smartphones, ese acoso ya no conoce límite de tiempo ni lugar. Las víctimas lo son a todas horas, con lo que, tal y como coinciden expertos, psicólogos y mossos d¿esquadra, su sufrimiento se dispara y genera situaciones desperadas como la vivida por la joven canadiense Amanda Todd, cuyo suicidio tras sufrir acoso sexual y escolar ha generado una conmoción mundial.
Un padre comprueba en el ordenador el acoso que ha sufrido su hija en las redes sociales. CARLOS MONTAÑÉS
Miguel Comín, director de Alia2, una fundación dedicada a la lucha por un internet seguro para los menores, alerta de cómo "ahora la víctima de acoso escolar ya no tiene descanso". Antes, ese acoso terminaba cuando acababan las clases. Ahora, según Comín, no es así: "A muchos adolescentes e incluso a algunos chicos de 11 y 12 años sus padres les han regalado teléfonos con plana de Internet, con lo que ahora están conectados todo el día y, precisamente por eso, pueden estar todo el día siendo atacados a través de internet".
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