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Los Maristas ascendieron a subdirector a un profesor bajo sospecha de abusos sexuales

Tres familias avisaron a la dirección en 1986 de que había abusado de "varios alumnos"

El hermano F. M. está suspendido tras ser objeto de tres denuncias presentadas por exalumnos

Los Maristas ascendieron a subdirector a un profesor bajo sospecha de abusos sexuales

JULIO CARBÓ

Un trabajador borra la aparición de la palabra "culpables" sobre la fachada del colegio de Les Corts. 

Martes, 29 de marzo del 2016 - 18:39 CEST

Los Maristas ascendieron hace unos diez años al cargo de subdirector del colegio de Sants-Les Corts al hermano F. M., a pesar de las sospechas de abusos sexuales que pesaban sobre él.

Este docente actualmente se encuentra apartado de la enseñanza tras ser objeto de tres denuncias presentadas por otros tantos exalumnos en la comisaría de los Mossos d’Esquadra. La dirección de la orden religiosa optó por suspenderlo cuando supo de la existencia de estas demandas por abusos sexuales, el 11 de febrero del presente año, tras estallar el caso de pederastia escolar que afecta a diez profesores de esta congregación religiosa. Sin embargo, según ha podido saber este diario, al menos uno de los tres exalumnos denunciantes ya comunicó a la dirección del colegio de Sants -entonces separado del de les Corts- que F. M. había abusado de varios pupilos a su cargo durante unas convivencias en una casa de colonias de Llinars del Vallès, propiedad de los Maristas, en los años ochenta.

Según esta víctima, cuyas iniciales son F. B., estudiando octavo de EGB en el centro de Sants, durante el curso escolar de 1985-86, sufrió abusos del hermano F. M. mientras dormía en esta casa de colonias. “Me desperté por la mañana y vi al hermano F. M. arrodillado junto a mi cama”, aseguró a los Mossos. “Me estaba tocando los genitales”, prosigue. “Me asusté, me di la vuelta y me tapé con una manta”, una reacción que logró que el profesor desistiera en su acoso, se levantara y se fuera a intentarlo "con otros alumnos". Pernoctaban en una habitación con literas y había varios estudiantes compartiendo el mismo cuarto. “Vi que el hermano F. M. les hacía alguna cosa mientras dormían, pero no les avisé porque tenía miedo y porque me daba vergüenza”, lamenta en su declaración policial.

PACTO DE SILENCIO

Aquel episodio fue comentado entre todos los alumnos que lo sufrieron y, de entrada, los menores acordaron que no contarían a nadie lo que había sucedido. No obstante, este denunciante y otros dos menores se desmarcaron de aquel pacto de silencio y decidieron informar a sus familias. Los tres lo explicaron en sus respectivas casas. Según subraya F. B. en su denuncia, las tres familias acudieron, tras escuchar a sus hijos, a hablar con la dirección del centro, en aquel momento en manos de Jesús Ancheta. El director les atendió pero mantuvo al hermano F. M. en su puesto de docente.

Este diario ha tenido acceso también al contenido de las otras dos denuncias que pesan sobre este subdirector. En ambas se detallan los “tocamientos” superficiales que F. M. realizó a estas dos víctimas. La primera de ellas, Jorge García, explica que le metía la mano en el bolsillo trasero de sus pantalones para tocarle el culo cada vez que se dirigía a él. El tercer denunciante detalla que F. M., durante un viaje escolar a Benidorm, le introdujo su mano por una manga para acariciarle el pecho por debajo de su camiseta.

MASAJES EN LOS PEZONES

Otros dos exalumnos, que no han denunciado a este docente, también describen a este profesor como alguien que “tocaba a menudo” a los menores de un modo inadecuado. Uno de ellos, cuya nombre comienza por A., explica que durante la clase F. M. acostumbraba a situarse detrás de cada pupilo que formulaba una pregunta para responderle mientras introducía sus manos por el cuello de la camiseta para masajear sus “pezones”. “Dejé de preguntar en sus clases”, asegura. Un segundo exalumno, J. A., ha explicado que F. M. fue finalmente apartado del centro a comienzos de la década de los noventa porque llegaron más quejas de otras familias por su comportamiento. EL PERIÓDICO ha contactado con el director a cargo entonces de la escuela pero este ha finalizado la llamada en cuanto ha sabido que hablaba con un periodista.

QUEJAS IGNORADAS

Cambiar de centro o de rango a un docente acusado por familias de pederastia, en lugar de denunciarlo o -por lo menos- prohibirle cualquier contacto con menores, ha ocurrido otras veces en los Maristas. El hermano A. B. fue apartado del colegio de Sants tras las quejas de un madre, a comienzos de los setenta, y nuevamente apartado de la Inmaculada tras nuevas quejas de otra familia, a principios de los noventa. El hermano Lucio Zudaire fue trasladado pero siguió en contacto con menores a pesar de recibir seis denuncias de exalumnos -que terminaron archivándose por prescripción- y solo fue retirado tras confesar públicamente, a través de una cámara oculta, que dichos abusos eran verdad. El hermano G. F., otro de los docentes denunciado por abusos, fue apartado de la Inmaculada -pero siguió dando clases en Rubí- tras escribir una carta de amor a una alumna de 12 años.

LOS MARISTAS NIEGAN LOS ANTECEDENTES

Los Maristas oficialmente han negado que “ninguna familia” se haya puesto en contacto con ellos “jamás” para comunicarles ninguna queja sobre el hermano F. M. Ni en relación a los abusos cometidos según un denunciante en las colonias de Llinars del Vallès, durante el curso escolar de 1985-86, ni en relación a las quejas de las que hablan otros exalumnos, situadas a principios de los 90, cuando, según estos, fue trasladado a Tarragona.

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