Recuerda que de pequeña tenía que correr por un largo tramo de arena ardiente hasta llegar al agua. «Tanta arena y dunas había en esa época que venían franceses y gente de la zona a practicar nudismo, porque podían esconderse en ellas, en plena dictadura», explica Marcela Otamendi. Ella es propietaria del restaurante Los Vascos, que ha pasado de estar a varios centenares de metros del mar a tener las olas en su fachada en cada temporal. «Hace ya 20 años que empezamos a alertar de la aproximación del mar, y en todo este tiempo la Administración no ha hecho nada», lamenta. Tan solo permitió depositar una fila de grandes rocas a modo de escollera, «que no tiene las dimensiones que tocaría y aguanta a duras penas, pero ahí está», explica Marcela.
Información publicada en la página 29 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 11 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
La falta de arena amenaza al restaurante y a los campos de arroz de la familia, que ella sigue cultivando frente a un mar abierto e imponente: «No es un proceso natural porque los pantanos retienen la arena que antes aportaba el río, y los pantanos hacen su función, pero no son naturales». El ministerio proyecta comprar una franja de varios metros junto al mar para incorporarlos al dominio público marítimo terrestre: «Esto es cederle paso para que continúe comiendo terreno», critica Otamendi.