Tras 10 años en los que el programa integral de protección del delta del Ebro ha tenido una plasmación más estética que estructural, el plan empieza a afrontar con determinación el meollo del problema. La empresa estatal Acuamed y la Dirección General de Costas han puesto sobre la mesa proyectos con una inversión total prevista de 334 millones, entre los que destacan la descontaminación del embalse de Flix y la construcción de un dique costero para preservar la bahía de los Alfacs.
Son avances muy sustanciales, pero otros dos de los grandes escollos para la supervivencia del delta siguen pendientes: la definición de un régimen de caudales para el Ebro y la fijación de medidas contra la regresión y el hundimiento del área de la desembocadura. El programa de protección inicia su fase decisiva, pero la incertidumbre persiste.
DÉCADAS DE PROBLEMAS / El plan nació como compensación al macrotrasvase previsto por el PP y fue reconvertido por el PSOE en un bloque de medidas para garantizar las condiciones ecológicas de un delta que lleva décadas acumulando problemas. Antes de finalizar el 2010 estarán terminadas o en ejecución obras por valor de unos 275 millones. La descontaminación del embalse de Flix, iniciada hace pocos meses tras años de demora, absorbe 202 millones. Es la perla del plan en lo que respecta a la eliminación de una gran amenaza para el tramo final del río. «Es como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas», destaca el alcalde de Flix, Òscar Bosch (PSC). Hasta ahora, la mayoría de las intervenciones del plan integral de protección habían sido «más estéticas que ambientales», reconoce Josep Canicio, secretario de la Comisión para la Sostenibilidad creada para controlar el cumplimiento del programa. Así, se han habilitado centros de interpretación sobre el patrimonio fluvial en Xerta, Móra d'Ebre, Aldover y Tivenys, se han acondicionado caminos y carriles para bicicletas como en Sant Jaume d'Enveja, y se han construido modernos paseos fluviales en Deltebre y Amposta.
Además de los trabajos de Flix, la habilitación de una guarda costera y la implantación de una red de indicadores ambientales dotarán al plan de un cariz más aproximado a su objetivo inicial. Estas dos actuaciones empezarán en otoño, según las previsiones de Acuamed. La primera consiste en la construcción de un camino de ronda entre el dique de la nueva marina de Sant Carles de la Ràpita y la barra del Trabucador, para recuperar una zona muy degradada y a la vez contener los efectos de la subida del nivel del mar debido al cambio climático. Los indicadores ambientales serán un instrumento de seguimiento del estado del ecosistema fluvial.
BATALLAS ABIERTAS / El plan integral de protección mira por fin a la cara de problemas y amenazas como la contaminación o el cambio climático, pero solo de reojo otras necesidades como la incorporación al plan hidrológico de la cuenca del Ebro de un régimen de caudales adecuado para el río y la aplicación de medidas para combatir el hundimiento de la planicie deltaica, las otras dos espadas que cuelgan sobre la cabeza del tercer mayor delta del Mediterráneo, tras los del Nilo y el Ródano. «Esas son las dos grandes batallas que nos quedan por ganar», afirma Canicio.
No es poco. El régimen de caudales que propuso la comisión por la sostenibilidad y aprobó el Parlament está siendo cuestionado por excesivo. Y el programa para frenar la regresión se ha quedado en estudios que «no dan lugar a obras», según previsiones de Acuamed.