Eduard Secanell, de 12 años, es uno de los casi 80 alumnos de 1º de ESO del Instituto Jaume I de Salou (Tarragonès) que el curso pasado se incorporaron al sistema un per un. Además de bolígrafos y libretas, también utiliza un ordenador (netbook) en clase. «Antes, estudiar era más aburrido –comenta–, pero con esta nueva metodología, el trabajo se hace un poco menos pesado porque las explicaciones son a través de vídeos e imágenes…».
Información publicada en la página 21 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 08 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Sin embargo, la llegada del ordenador personal al aula no ha desterrado al papel, o al menos no todavía. Los alumnos siguen teniendo libros de texto, si bien es cierto que se emplea mucho el netbook. «Es un instrumento muy práctico: las clases se hacen más cortas y en el mismo tiempo avanzas más temario». Y es que parece que, en general, los estudiantes tienen bastante claro que se trata de una herramienta de trabajo. En primer lugar, porque su uso está restringido de manera casi exclusiva al ámbito del centro educativo (pueden llevárselo a casa, autorización paterna mediante, pero la mayoría dispone de ordenador propio). También pesan otras razones más autoritarias: aunque los ordenadores tienen conexión a internet, si son sorprendidos dándoles un uso distinto al académico, se los pueden requisar.
Correo electrónico
En este nuevo orden de cosas, el correo electrónico juega un papel fundamental. «Los ejercicios que hay que hacer, cualquier tipo de aviso... todo nos llega a través del e-mail. Y también es la vía por la que nosotros se los entregamos hechos al profesor», dice Eduard. Así que se acabó la vieja excusa del perro que se había comido los deberes.
Las nuevas tecnologías también han modificado el contenido de las tareas escolares –y no solo su forma–. No todas, por supuesto. Sigue habiendo redacciones y ejercicios tipo test, pero se han incorporado ejercicios interactivos basados en la imagen.
Respecto a la relación con los docentes, él no ha notado que la incorporación del ordenador la haya modificado. «En todo caso, las facilita». Un profesor contesta en dos o tres horas los correos de los alumnos, aunque las consultas no abundan. «Lo bueno de los vídeos es que puedes volver a ponerlos las veces que quieras, y es más rápido que leer un texto». Y más parecido a tener al profesor en casa, cabría añadir. ALBA G. LAGUNA