«Este es el suelo que había aquí en el primer tercio del siglo XIV, cuando la construyeron», explica entusiasmado Andreu Muñoz, arqueólogo del capítulo de la catedral de Tarragona. Señala la excavación, de 25 por 7 metros, en plena nave central, donde se afana un equipo multidisciplinar del propio capítulo, el Institut Català d'Arqueologia Clàssica (ICAC) y el ayuntamiento. Tienen hasta el 31 de julio para verificar si aquí, a un máximo de tres metros bajo tierra, se hallan los restos del mítico templo de Augusto, un magnífico edificio con una fachada de ocho columnas, alzado sobre un podio en una plaza porchada, jamás hallado por los arqueólogos pese a lo intenso de su búsqueda. Del templo que glorificó al emperador sólo queda su grabado en monedas y vestigios escritos.
El suelo de la catedral de Tarragona, levantado en su parte central, bajo la cual debería encontrarse el templo de Augusto, el viernes pasado. XAVI MOLINER
Información publicada en la página 26 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 05 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Las excavaciones empezaron hace una semana y ya se han levantado, una a una, las enormes losas medievales del pavimento catedralicio, de grosores entre 15 y 35 centímetros y pesos de hasta 80 kilos. La mano del hombre no actuó más desde su colocación, con mortero de medio centímetro de grosor, sobre la durísima piedra común de Tarragona, el fetge de gat. «Era un pavimento preparado para durar una eternidad», resume la arqueóloga municipal Imma Teixell.
Lo que debe haber debajo, es una zona virgen desde el Alto Imperio Romano hasta la edad media, un tesoro científico tan relevante como el propio templo de Augusto. «Si encontramos algo, será primero una capa de mortero de cal», desmitifica Josep María Macias, codirector de la excavación del ICAC, consciente de que «no se hallarán estatuas ni inscripciones, por ejemplo».
Equipo de 25 personas
Los estudios realizados con georradar en ese mismo punto en el 2007 revelaron grandes estructuras que podrían ser los restos de los cimientos del podio del templo. El templo de Augusto con esas llamativas ocho columnas podría tener una extensión de 25 por 40 metros y según aquellos estudios ya habría vestigios a un metro y medio de profundidad. El equipo que busca confirmar esa hipótesis está formado por 25 personas entre las que hay especialistas en geología, química, cerámica e incluso semillas «por si se encuentran», comenta Muñoz. De momento, ya han aparecido varios restos de cerámica vitrificada y el equipo no oculta su entusiasmo.
También el sacerdote Miquel Barberá, presidente del capítulo, se muestra exultante. «Es un privilegio ver así la catedral, esperemos que salgan a la luz muchos secretos», exclama mientras señala, a pocos metros de la excavación, todos los andamios que se extienden hasta el altar mayor. Son las obras de restauración del plan director que han cerrado el templo al culto y que han permitido cavar en sus entrañas.
Al privilegio de excavar una catedral –en España, sólo hay el precedente de Vitoria– se suma «el lujo de poder trabajar sin presiones», dice Muñoz, acostumbrado, como todos los arqueólogos, a las prisas y peticiones para acelerar las catas. Tampoco es frecuente abrir la excavación a la prensa cada viernes para que constate cómo evoluciona o explicar la investigación en internet, en el blog de la revista especializada Sapiens (http://blogs.sapiens.cat). «Queremos abrir nuestro trabajo a la sociedad», dice Macias, responsable del blog, que ha recibido más de 1.500 visitas en una semana.