La situación en la enseñanza

El fracaso escolar entre los inmigrantes duplica la media

El nivel sociocultural familiar, el idioma y la incorporación tardía, posibles causas

Educació apuesta por la discriminación positiva y por facilitar el retorno al estudio

, 7 de marzo - 00:00h.

El titular de Educació, Ernest Maragall, proclama que Catalunya tendrá éxito con la inmigración el día en que el porcentaje de extranjeros con estudios superiores sea equivalente a su peso en la población. El conseller tiene mucho trabajo si quiere hacer realidad este objetivo.

Según datos del curso 2007-2008, el índice de fracaso escolar en la enseñanza secundaria entre los jóvenes extranjeros llegó en algunos casos a triplicar al del conjunto de los estudiantes. El fracaso escolar medio era del 20%, mientras que entre los jóvenes de origen asiático la cifra superó el 57%; entre los magrebís, es de más del 53%, y casi la mitad de los latinoamericanos tampoco completaban la secundaria.

¿Y cuántos de los que no fracasan llegan a las universidades? Sirva otro dato como ejemplo. En el curso 2007-2008, en las facultades de Catalunya se matricularon 312 marroquís, sobre un total de 142.000 estudiantes. Eso sí, siete años antes tan solo eran 41.

«La situación no es buena, en rendimiento y continuidad. Y la solución tampoco es fácil», asume Francesc Colomé, secretario de Polítiques Educatives de la Conselleria d’Educació. A su juicio, las causas de los malos datos son tres: el nivel sociocultural del entorno de estos jóvenes, las dificultades lingüísticas y su incorporación habitualmente tardía al ciclo educativo.

AULAS DE ACOGIDA / El problema se agravará, según Colomé, si cuando se reactive la economía, la formación académica de los jóvenes inmigrantes no es suficiente para obtener trabajo. La única salida, opina, pasa por programas de discriminación positiva, formación de adultos, programas para recuperar a jóvenes que han dejado estudios a medias y aulas de acogida «para que el primer aterrizaje de los nuevos alumnos sea suave».

Otra clave del éxito, en opinión de Jordi Pàmies, profesor del departamento de Pedagogía Sistemática de la UAB y miembro del grupo Emigra, es que el discurso inclusivo en la escuela «vaya acompañado de prácticas que no fomenten la desigualdad», porque los padres de estos

jóvenes confían en la escuela de sus hijos como palanca para la movilidad social. «Estos jóvenes son el capital futuro de sus familias», describe Pàmies.

FORMACIÓN DE ADULTOS / Los expertos también ven fundamental dar herramientas a los padres. «Si por su nivel de formación no pueden ayudar a sus hijos a hacer los deberes, esto provoca deslegitimación de la autoridad de los progenitores, y al final los estudiantes acaban por no hacer los deberes», advierte el demógrafo Andreu Domingo.

Marta Bàrbara, directora de la entidad Punt de Referència, de apoyo a jóvenes que han dejado atrás la tutela de la Generalitat, pide potenciar la formación ocupacional. «Las

administraciones hacen mucho, pero no suficiente para que estos chicos no dejen los estudios en busca de trabajo».

El principal riesgo, según Jordi Pàmies, es que pese a ese esfuerzo formativo, estos jóvenes acaben encontrando solo los trabajos conocidos como los de las tres pes: peor pagados, peligrosos y penosos.