INVESTIGACIÓN DE UN CASO ENMARAÑADO

Un patoso robo de droga en el puerto de Barcelona fue el principio del fin de la gran mafia policial desarticulada en Catalunya

El sumario del caso permite revivir ahora aquel episodio

Viernes, 20 de febrero - 00:00h.

La madrugada del 24 de enero del 2005, una docena de hombres accedieron a un recinto cerrado del puerto de Barcelona y violentaron un contenedor del que se llevaron 974 paquetes de gambas congeladas que escondían unos 400 kilos de cocaína. El robo fue la espoleta de una compleja investigación dirigida por las sucesivas magistradas que han pasado por el juzgado número 3 de Martorell. Unas pesquisas impulsadas en febrero del año pasado por dos fiscales anticorrupción y que han servido para desenterrar algunos de los episodios de corrupción policial más sórdidos de los últimos años en Catalunya. Los teléfonos de los jefes de la banda de ladrones estaban intervenidos y la transcripción de los pinchazos, que obra en el sumario al que ha tenido acceso este diario, da fe de la tranquilidad con la que trabajaron los delincuentes.

La lista de apodos de los participantes en aquel robo merece un capítulo a parte. Javier Segura Ruiz, alias Trapero, está considerado el jefe de la banda. Daniel Ribelles Tomás, el Bolo, y Pedro Robles Rueda, Campeón, sus lugartenientes de confianza. Pero en esta trama también aparecen Chope, Chete, Luichi, Bolita, Lico, Loco, Chucho, Gaucho, Pollero, Orejillas, Agapito, el Bigote, el Gafas... entre otros. Un equipo de hombres, todos con antecedentes, que supieron embaucar a un grupo de guardias civiles y policías nacionales a los que conocieron en investigaciones contra el narcotráfico. Los policías los utilizaron primero como confidentes, pero después traspasaron presuntamente la línea que separa la relación entre confidente e investigador, pasaron a formar parte de la trama criminal y en algunos momentos, incluso, según se desprende de la documentación que obra en el sumario, llegaron a dirigirla.

Trapero utilizaba dos móviles y otros tres teléfonos fijos, el de su domicilio y los dos de su taller Motorser SL. Las transcripciones detallan cómo fueron los preparativos de aquel asalto. El día 21 un hombre le dice: "He estado cargando todo el material y lo tengo todo arreglado para mañana". Al día siguiente, Gaucho ya había alquilado la furgoneta que utilizarían, junto a otros dos coches, para cargar la cocaína. Habla también con Pedro y le plantea sus dudas sobre si deberían haber alquilado un todoterreno para cargar "todos los sacos de pienso" que tenían previsto encontrar.

"Esto es un regalo de Dios", le dice Trapero a un interlocutor desconocido la madrugada del 24, pocas horas antes de dirigirse al puerto. "¿Lo haréis hoy?", pregunta este. "Por supuesto". Pero una de las transcripciones más suculentas de las conversaciones de aquella madrugada es la que mantuvieron Trapero y el Bolo poco antes del robo. "Busca unas tijeras o cuchillos. Necesitamos cuchillos para abrir esto".

Dos minutos antes de las cuatro de la mañana de ese día, un interlocutor desconocido ordena al Bolo: "Pon la escalera. ... Vale, y tiramos una bolsa porque hay un GPS y lo hemos movido. También hay un cable en medio de las cajas y va to barrechao... Y hay una caja... y una bolsa entera.... sácamela".

El contenedor frigorífico MWCU-614017-6 estaba colocado en un segundo piso de hileras de cajones. Los ladrones aparecieron con una escalera. A las cuatro de la madrugada, al ver que no disponen de herramientas, el Bolo recibe las órdenes de cerrar la puerta hasta que sus compinches lleguen con cuchillos para reventar las cajas. "No se puede cerrar del todo". Diez minutos después responde otra llamada de otro desconocido: "Escucha, tráete refuerzos. Porque hay mucha faena". Y el Bolo contesta: "Venga, vale, calla".

Celebración en un club

El interlocutor del Bolo está escondido en el interior del contenedor, intentando abrir las cajas. Las temperaturas son bajo cero. "Trae cuchillos", le pide el desconocido. "Sí, ahora traigo cuchillos, pero... estate tranquilo, estate ahí dentro tranquilo, va... que está todo muy bien", le responde Daniel Ribelles. "¡Eh! ¿Está bien por fuera?". Y el Bolo le contesta: "Esto to bien, to bien, esta... estaros tranquilos, venga va". Su interlocutor se queja, pero el Bolo corta la llamada: "Es muy difícil aquí dentro...". Tanto que en una nueva comunicación, el interlocutor no identificado le explica que sale del contenedor. "¿Por qué te has ido?", pregunta el Bolo. "Porque me faltan cuchillos, no puedo rajar". La bronca es monumental: "Pues ahora te traigo cuchillos, no te vayas de ahí. ¿Me entiendes o no? Gilipollas, que cagas a to el mundo".

Días después, Javier Segura, Daniel Ribelles, David Barba y Antonio Bals, entre otros, celebraron el éxito del asalto en un club de alterne que reservaron para ellos solos. Trapero atendió al teléfono a un desconocido con acento italiano: "La faena bien hecha no tiene fronteras".