Eli Roth no es nuevo en Sitges: el director pasó por el festival hace 10 años con Cabin fever y hace siete con Hostel, la película que sirvió al crítico David Edelstein para inaugurar el subgénero del torture porn. Sadismo extremo, desmembración y mutilación, vejaciones prolongadas; todo eso constituía el porno de tortura.
Información publicada en la página 58 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 07 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sin embargo, colocar a Hostel esa etiqueta era dejar a un lado sus evidentes valores cinematográficos, al igual que su valentía política. Roth llegó a dirigir una segunda parte -en la tercera no tuvo papel-, pero después se ha movido en otras direcciones, quizá cansado de la escuela que él mismo, quizá sin querer, originó.
HUMOR Y MUERTE / Al último Sitges llega con una película de catástrofes naturales, Aftershock, que ha producido y escrito junto al chileno Nicolás López, también director del filme (tras títulos como Promedio rojo y Santos). Roth se reserva, además, uno de los papeles principales. «Después de rodar Malditos bastardos [en la que interpretó a Donny Donowitz, el soldado judío americano que aniquila nazis con un bate de béisbol], Quentin Tarantino me animó a hacer por fin un papel principal. Escribí este personaje para poder mostrar todos mis registros».
Aftershock comienza como una comedia romántico-sexual-turística para derivar en muerte y destrucción. Cualquiera diría que la primera parte es asunto de López y la segunda, claro, de Roth, pero según este es al contrario. «Esta película somos nosotros mostrando nuestras otras caras. El material romántico y cómico es mío, aunque cueste creerlo».
Como en Hostel, el terror tarda en llegar en la trama. La pareja de cineastas se toma su tiempo en introducir a los personajes. «Si no, a nadie les importaría. En el cine de catástrofes de Hollywood pasan 10 minutos y tenemos tragedia. En Lo imposible tampoco tarda, pero Bayona es un director especial; en poco tiempo te sitúa en el paisaje emocional».