A los pies de la escalinata que lleva al Palau Nacional -que alberga el Museu Nacional d'Art de Catalunya- y con unas vistas privilegiadas sobre la Font Màgica de Montjuïc y todo el recinto ferial se hallan los palacios de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, conocidos popularmente como pabellones 6 y 7 de la Fira de Barcelona. Fueron los primeros que se construyeron en el recinto ferial y, quizás por ello, son los mejor situados. No en vano fueron proyectados en 1917 por Puig i Cadafalch cuando, tras la Exposición Universal de 1888 y la posterior feria de muestras de 1920, se decidió que una ciudad como Barcelona no podía permitirse el lujo de carecer de un espacio amplio y diáfano para la celebración de certámenes internacionales.
Información publicada en la página 54 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 14 de marzo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ambos palacios están colocados simétricamente sobre el eje de la avenida principal, están a medio camino entre el nivel de la avenida y las escaleras que ascienden al Palau Nacional, en plena concordancia con la idea ordenadora del conjunto. Ello se debe a que Puig i Cadafalch era, a su vez, padre de la idea del recinto ferial.
Sin embargo, pese a que a primera vista podrían parecer iguales, cada uno tiene su particularidad. «Son gemelos, pero diferentes», asegura la arquitecta técnica Carme Vera, responsable del mantenimiento de edificios de la Fira. Por ejemplo, «el pabellón 7 tiene rampa en tres niveles -algo de lo que el 6 carece- y este último tiene un subterráneo».
Lo que sí mantienen en común son «los grafiados originales» de las fachadas, apunta Vera, y unas columnas salomónicas esgrafiadas de inspiración barroca, restauradas «hacia los años 80». Los remates de los ángulos siguen el modelo del puente Real de Valencia, y los porches de acceso a los pabellones son reproducciones de la portada de la iglesia parroquial de Caldes de Montbui. Dentro del plan urbanístico general de la Exposición Universal de 1929, ambos palacios son importantes, porque sirven de cierre a la plaza de Carles Buïgas, potenciando una vez más el eje Palau Nacional-plaza de Espanya.
La idea de simetría de ambos palacios viene dada también porque, en medio, se alzan las reproducciones de las llamadas Cuatro columnas, erigidas en 1919 también por Puig i Cadafalch. Con capiteles corintios o jónicos, las cuatro columnas «simbolizaban las cuatro barras de la senyera catalana», señala Vera, y estaban destinadas a convertirse en símbolo del catalanismo. Fue por este motivo por el que fueron derrocadas en 1928 durante la dictadura de Primo de Rivera, que eliminó sistemáticamente cualquier vestigio de catalanismo, para que no tuviera repercusión en la Exposición Universal de 1929.
En el 2010 se reconstruyeron con capiteles jónicos a pocos metros de donde se hallaban los originales (situados donde está la Font Màgica de Montjuïc), y se emplazaron en medio de los palacios de Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
Inicialmente, estaba previsto que las columnas se reinauguraran en la Diada del 2010 o durante las fiestas de la Mercè, pero las obras se alargaron. Finalmente, el 27 de febrero del 2011, con la presencia de las principales autoridades catalanas, se inauguró el símbolo del catalanismo. En la base de una columna, una placa conmemorativa reza: «Restitución, como un acto de justicia histórica, de las cuatro columnas destruidas por la dictadura en 1928 por su carácter de símbolo de Catalunya».