El Periódico Barcelona

D?o Din?mico 2015

NUEVO EQUIPAMIENTO EN EL BARRIO

La Bordeta ilustrada

La Biblioteca Popular Josep Pons, que abrió hace dos meses, tiene ya 14.000 libros El centro cultural de Can Batlló. un logro vecinal

LUIS BENAVIDES
BARCELONA

Miércoles, 14 de noviembre del 2012

Abierta 8 Tres personas consultan documentos en la Josep Pons.

La largamente reivindicada biblioteca popular del antiguo recinto fabril Can Batlló, en el barrio de La Bordeta, dejó de ser un sueño el 17 de septiembre. El recinto se inauguró con un fondo bibliográfico de más de 14.000 documentos y desde su apertura ha efectuado más de 200 préstamos. La biblioteca presenta hoy un aspecto inmejorable gracias al impagable trabajo de casi un centenar de entregados vecinos. «Su nombre, Biblioteca Popular Josep Pons, recuerda a uno de los activistas más queridos del barrio. Pons luchó durante más de tres décadas para que Can Batlló fuera para el barrio», cuenta Jordi Falcó, coordinador de la Comissió de Veïns de La Bordeta, entidad que junto al Centre Social de Sants lideró el movimiento vecinal. La biblioteca, añade Falcó, es la punta de lanza de «otros equipamientos y espacios verdes reclamados por entidades y vecinos de La Bordeta».

El número 11, sin quererlo, tiene ahora un especial simbolismo. «El 11 de junio del 2011 fue el día que los vecinos entramos pacíficamente en Can Batlló y muchos ya llevaban en la mano libros para la biblioteca que queríamos abrir en el bloque 11», recuerda una de las voluntarias, Anna Barrés, quien resalta la autogestión y el enorme trabajo comunitario que hay detrás de esta histórica victoria vecinal.

Trabajo colectivo

La asamblea general de Can Batlló es el órgano de gestión. Una de las comisiones es la de la biblioteca que está dividida a su vez en tres grupos de trabajo: logística, fondo bibliográfico y agenda cultural. «Una vez conquistado el espacio era importante que los vecinos pudieran decidir qué querían hacer, sin demasiada intervención. Nosotros mismos hemos reparado y adecuado diversos espacios del bloque, como el bar o el auditorio. No es un centro social okupa. Nosotros tenemos el permiso del ayuntamiento», puntualiza Falcó.

El mobiliario y el fondo documental de la Biblioteca Popular Josep Pons proviene de donaciones de empresas y particulares. «Al principio cogíamos todos los libros que nos llegaban. Ahora, por razones de espacio, somos más selectivos», cuenta Barnés. «Cuando nos traen enciclopedias obsoletas pedimos que las lleven a los puntos verdes más cercanos. Así cierran el círculo y esas hojas vuelven a ser pasta de papel», añade la voluntaria.

Por suerte, los vecinos de La Bordeta y las zonas próximas no solo donan sus viejas enciclopedias. La mayoría, con absoluta generosidad, se ha desprendido de obras totalmente útiles e, incluso, joyas de la literatura. «Tenemos algunas maravillas de finales del siglo XIX. Muchas han llegado en mal estado, pero con la ayuda de amigos restauradores estarán a disposición de los usuarios», cuenta Agustina Quirós, otra voluntaria.

«Le doy con amoniaco para quitar las pegatinas del lomo, quito el polvo con un trapo seco y pongo el sello de la biblioteca en la primera hoja. Y así paso muchas horas. El ambiente es familiar y lo sentimos nuestro», explica Jesús Delgado, otro vecino que está al pie del cañón desde el primer día que abrió este equipamiento hecho por y para La Bordeta.

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