Hay una letanía que recitan en un coro perfecto los alcaldes de Catalunya. No hay dinero en la caja. El tiempo de las inversiones pasó. Sus agendas les delatan. Entrevista con el conseller tal para hablar de esto, homenaje al deportista ganador de eso, participación en unas jornadas de aquello… La crisis ha provocado tal caída en los ingresos de los municipios que pronto los alcaldes acariciarán melancólicos las fotos de sus inauguraciones de antaño. Buscarle algo positivo a esta crisis es una empresa de tan incierto destino como la de Orellana en busca de El Dorado. No hay que olvidar que ese legendario explorador y los cincuenta miembros de tan loca expedición terminaron por comerse sus propios cinturones, herviditos con unas hierbas para darles gusto.
A pie de calle 8 Núria Parlon, el pasado viernes, en el barrio de Fondo de Santa Coloma, con unos vecinos. ALBERT BERTRAN
Información publicada en la página 41 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 14 de marzo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Lo bueno de la crisis, puestos a buscar, puede que sea tal vez que algunos alcaldes han decidido aprovechar esta suerte de tiempo muerto para acortar la distancia que les separa de sus vecinos. La semana pasada, por ejemplo, Núria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, instaló su despacho durante una semana en el barrio de Fondo. No es la primera vez que se lleva su ordenador y su libreta de notas allí donde se supone que están las quejas ciudadanas. Al contrario. Ya tuvo que explorar esa vía antes de las elecciones, pues Santa Coloma venía de donde venía, de la Guardia Civil tomando literalmente el edificio consistorial y de un alcalde, su antecesor en el cargo, detenido y esposado. Lo interesante ya no es la novedad, sino las conclusiones obtenidas.
«Si como alcalde te limitas a ir solo a actos oficiales todo suele parecer perfecto hasta que, de repente, un día te encuentras con alguien que protesta, y entonces es curioso el desconcierto que eso causa entre todos los invitados», explica, casi divertida al recordar ese tipo de situaciones, la alcaldesa. Apostar por traspasar esa frontera invisible que separa lo oficial de lo cotidiano tiene sus ventajas.
El improvisado despacho de Parlon en el barrio de Fondo es espartano. No es premeditado. Es el que hay. Pero una primera conclusión es que las formas son importantes para alcanzar esa proximidad pretendida. Algunos alcaldes, cuando un ciudadano expresa su queja, le piden a su jefe de gabinete que tome nota. Parlon, no. Se pasea con su iPad del siglo XX (vamos, una libreta) y apunta. «El objetivo es satisfacer en aquello que sea posible, pero también explicar qué no es viable. Puede que esta crisis sea una oportunidad para no repetir los errores del pasado, cuando terminamos por convertir los ayuntamientos en simples máquinas de prestar servicios»,
Parlon, por supuesto, no se ha inventado esto de sumergir un político en un baño de realidad. Aquí el Arquímedes catalán fue Pasqual Maragall, que llevaba el experimento hasta las últimas consecuencias y pasaba la noche en el sofá de algún vecino. No le fue mal.
Parlon prefiere dormir en su casa, pero se levanta muy pronto, primero para correr un buen rato, y después (eso ella no lo cuenta) porque parece que se entrena para dejar atrás las marcas de algunos de sus predecesores en el cargo, pues no hay que olvidar que Santa Coloma ha despuntado siempre como municipio productor de alcaldes singulares.
A pie de calle, concluye la alcaldesa, la micropolítica se decide mejor. ¿Un ejemplo? «Recientemente pedimos a dos escuelas de Fondo, Beethoven y Wagner, que abrieran sus patios los sábados para que los niños jugaran. Es una medida en apariencia menor, pero de gran impacto para un barrio tan denso como este». Ahí, vecinos que se cruzan cada día en la calle sin ni siquiera saludarse terminan por conversar. Es, más o menos, lo mismo que hace Parlon cuando instala su despacho en un barrio y sale con su iPad a la calle.