El destino era Argentina. Joan Pere Iborra llegó a Barcelona con su esposa y sus hijos, desde La Nucia, una población de la Marina Baixa (Alicante), con el objetivo de subirse a un barco que les llevaría hasta Argentina. Allí era donde aquella familia valenciana visualizaba su porvenir. Pero el trasatlántico partió sin ellos y, en espera de la siguiente oportunidad de embarcar, Joan Pere Iborra preparó granizados y horchatas y empezó a ensayar otro porvenir en la ciudad.
La horchatería 8 Teresa Moreno sirve una horchata en El Tío Che delante de su hija y su nieta. MIQUEL MONFORT
Información publicada en la página 48 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 29 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En unos bajos de la Barceloneta -donde estuvo ubicada la horchatería hasta 1933, antes de trasladarse al Poblenou-, aquellos refrescos tuvieron tal aceptación, que ya no hizo falta zarpar a ninguna parte. Limones y chufas llegaban de Valencia para ser exprimidos en aquel modesto pero fructífero negocio, con un simpático dueño que invitaba a probar sus preparados con un amable «Che, prueba esto». La expresión valenciana acabó bautizando la horchatería con el nombre El Tío Che.
Chufas de Alboraia
Hoy, en el 44 de la Rambla del Poblenou, frente al Casino de L'Aliança, Alfons y Pepe, bisnietos de Joan Pere, siguen al frente de esta saga de horchateros que forma parte ya de la esencia de un barrio. «Han venido los abuelos y los padres y ahora ves venir a los nietos, que traen a sus novias, o a sus hijos. Te das cuenta de cómo ha ido pasando el tiempo», explica Teresa Moreno, la esposa de Alfons. Él, cuarta generación de Iborra, elabora en el obrador leche merengada granizada, granizados de limón y naranja y el especial, con avena, malta, azúcar, canela y limón, entre otros productos. Pero la gran estrella siempre ha sido la horchata. «Está hecha con chufas de Alboraia (Horta valenciana). Las hidratamos durante 24 horas, las lavamos y las trituramos con agua y azúcar, o sin ella, para las personas diabéticas. Todas gustan muchísimo», detalla Moreno.
Para ella, la fidelidad de la clientela del barrio tiene mucho que ver con el longevo negocio. «También vienen muchos extranjeros. Se nota que ahora tenemos muchos nuevos hoteles cerca, y también llegan turistas con guías que nos citan», señala quien, en cada vaso de horchata que sirve, entrega un momento de placer. «Es rica y refrescante, en verano y especial y tranquilizante en otoño e invierno», describe Oriol Martí, uno de los asiduos clientes de El Tío Che, que abre durante todo el año.
«En invierno, también hacemos turrón y todo el año servimos vermut y bocadillos en el local contiguo, también nuestro», dice Teresa Moreno. Fórmulas para alimentar una empresa ejemplar, que prepara la fiesta del centenario para junio, «un homenaje al trabajo», en palabras de Alfons, bisnieto del Tío Che.