El supermercado donde Carles Sala habitualmente realiza sus compras era en verano de 1992 el comedor de los deportistas que participaron en los Juegos Olímpicos de Barcelona. El centro médico de aquellos atletas olímpicos es el actual Centre d'Atenció Primària (CAP) asignado al vecindario en el que reside Sala.
Oasis «Mi zona comunitaria es súper tranquila»LOS JARDINES INTERIORES COMO EL DE LA FINCA EN LA QUE VIVE EL EXATLETA FORMAN PARTE DE ESA CALIDAD DE VIDA DEL BARRIO QUE EL VALORA. miquel monfort
Información publicada en la página 63 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 18 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El exdeportista de élite, cinco veces olímpico y finalista en Los Ángeles en los Juegos de 1984 y en el Mundial de Roma de 1987, conoce bien esas ubicaciones porque fue uno de los primeros vecinos del barrio que la Barcelona olímpica levantó para albergar a los atletas. «En unos Juegos Olímpicos, tu casa son los que están contigo. Con ellos lo vives todo, lo deportivo y el resto. Pero, en la olimpiada de Barcelona yo no lo viví así porque la ciudad ya era mi casa y no hice tanta piña con el resto de deportistas. En realidad, no lo viví como unos Juegos Olímpicos, sino como un campeonato más», reconoce Sala.
De aquella Vila Olímpica donde residió durante el verano de 1992, Carles Sala recuerda que «solamente había las instalaciones deportivas y las viviendas. El resto eran descampados», asegura. «Pero, a partir de entonces, todo el barrio se revalorizó mucho y se empezó a vivir de cara al mar. Realmente, lo que Barcelona es hoy es gracias a los juegos, antes de ellos, esta ciudad era tan solo una capital más», considera el vecino del distrito de Sant Martí.
Tranquilidad
Tras la celebración de los Juegos, el exatleta no volvió más a la Vila Olímpica. No fue hasta hace unos 10 años cuando buscando piso, él y su esposa acabaron optando por uno de obra nueva. «Lo compramos sobre plano. Lo construían en el solar que anteriormente había ocupado la fábrica Titan de pinturas», explica. «Nunca imaginé que acabaría viviendo allí, en el mismo lugar donde me alojé durante los Juegos Olímpicos», afirma Sala, satisfecho de su elección, después de siete años residiendo junto al mar. «Se agradece la limpieza de cara que se le hizo a la Vila Olímpica», reconoce. «Cuando vienen visitas, lo primero que les llama la atención es la enorme tranquilidad del barrio», puntualiza. «Ni oyes autobuses, ni coches... como no hay bares de noche ni discotecas, tampoco hay jaleo», declara.
Carles Sala no es especialmente fan de la playa, pero valora tener el mar tan cerca y también sacarle provecho. «Aquí estás unos cuatro grados más fresco que en el resto de la ciudad, se respira diferente, estás más aireado y notas el olor del mar y, cuando estás un poco agobiado, solamente acercarte al mar, te ayuda, te destensa mucho», reconoce el exatleta que, a pesar de haber colgado las zapatillas en septiembre del 2000, ha continuado cuidando su dieta.
Actualmente, Sala sigue vinculado al deporte, a través de una empresa que, entre otras actividades, organiza acontecimientos deportivos y controla y gestiona espacios e instalaciones de ese ámbito. Este vecino de la Vila Olímpica también es técnico en el Consell Esportiu del Barcelonès Nord. «C uando voy a trabajar me encanta ver salir el sol sobre el ma. En invierno, abrigado hasta las pestañas, mientras espero en el semáforo, lo puedo ver y es espectacular», asegura. Ese es uno de los regalos de la vida junto al mar.
Una pequeña ciudad
Carles Sala tiene una hija de 4 años, y reconoce que gracias a ella y a la relación de la pequeña con los compañeros del colegio, que también está en el barrio, ha hilvanado muchos vínculos en el vecindario. «En la Vila Olímpica hay muchas parejas con niños pequeños y entre ellas hemos construido un pequeño núcleo social», confirma. «La mayoría de los padres tienen profesiones liberales. También hay muchos que son de fuera de Catalunya», explica. «En realidad, esto es como una pequeña ciudad porque aunque faltan algunas cosas, se puede vivir perfectamente sin ellas», añade. «Faltan, tal vez, ese pequeño colmado de barrio, o tiendas de ropa o cosas para niños, pero en general, encuentras de todo, incluso cada vez más, comercios especializados en ciertos productos», explica Sala.
La conexión en metro y autobuses del barrio con el centro de la ciudad compensa las carencias de comercios y otros servicios. «El barrio está muy bien comunicado. En un momento, estás en el centro porque tenemos el metro al lado de casa», especifica. «El único inconveniente que le veo al barrio es que que los vecinos que no tienen plaza de aparcamiento tienen muchas dificultades los fines de semana para encontrar un hueco donde dejar el coche», precisa. «Por todo lo demás, es un buen lugar para vivir», concluye el deportista.