Primera condición: no se hablará de la crisis económica que castiga a Grecia. Aunque sea el tema que enlazaría una clase de bailes tradicionales griegos en Barcelona con los titulares de la prensa de manera redonda en este local sencillo de la calle de València, 558 se asimila la actualidad de otra manera. «Si venimos aquí es precisamente para olvidarnos de todos esos problemas», aclara Katerina Konstantinidou, profesora de la Universitat de Barcelona (UB) y también de baile.
Como la sardana 8 Una de las clases de baile griego en el local de la calle de València. FERRAN NADEU
Información publicada en la página 42 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 22 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La comunidad griega de Barcelona reúne los sábados en su sede a un grupo variopinto que aprende danzas populares griegas. La etiqueta no es ningún capricho: aquí se mezclan barceloneses y griegos, universitarios y jubilados, ingenieros y dentistas. Y todos marcando paso al son de «ena-dío-tría» (un, dos, tres) e incluso profiriendo algún que otro «¡opa!» efusivo.
Poner un ejemplo que traduzca estos bailes a términos locales es imposible, porque en cada pueblo hay uno distinto, según explica Katerina. Aunque es cierto que algunos bailes de Pontos, región de Turquía donde antes vivían griegos, se parecen mucho a la sardana.
En clase, la profesora Isabel Munujos llena una pizarra con el repertorio extenso de la tarde, más de 12 temas que ponen en evidencia la variedad. Pero la esencia de todos reside en un matiz cultural que destaca Munujos: «En Grecia es distinto. No solamente se baila en las discotecas, sino que los bailes forman parte muy importante de la vida cotidiana» .La que no bailaba nunca en las discotecas, de ningún sitio, es Mayte, una alumna barcelonesa que lleva con el grupo desde que empezó hace tres años. «Yo era de esas jovencitas que se quedaba en una esquina. Me daba vergüenza», dice esta higienista dental de 41 años. Riéndose, cuenta que tuvo que ir a Grecia para vencer el miedo escénico. Sus viajes despertaron tal interés por la cultura que acabó por apuntarse a las clases.
Y es que la fiesta que se monta en este centro es casi irresistible. A partir de la tercera canción, en que la gente empieza a corear «oh oh, María, oh, oh, María» a medida que avanzan en espiral, esto ya cobra forma de guateque en toda regla.
Entre cambios de ritmo -ahora toca contar hasta 12, ahora hasta 10- que requieren buen oído o cuando menos, buena vista para imitar al de al lado, se intercambian conversaciones, chistes, risas... En un par de horas se recrea un sentir de compañerismo únicamente griego en Barcelona. No hay crisis económica que pueda con tanto buen rollo. Si desea asistir a las clases consultar la web: www.ellinikiestia.net.