UNA historia de SANT ANDREU... la Casa Bloc

El museo que nace en una vivienda obrera

La Casa Bloc restaura un dúplex para devolverle el aspecto que tenía hace 80 años

Miércoles, 4 de abril - 00:00h.

Paradigma de la vivienda obrera y símbolo de la arquitectura racionalista en Barcelona. La Casa Bloc, en el paseo de Torras i Bages, es un edificio de viviendas de tres plantas de los años 30 y avanzado a su tiempo. Y es que la practicidad, la economía de espacios y de materiales y el fomento de las relaciones en la comunidad fueron algunas de sus señas de identidad. «Todo lo contrario a los pisos del Eixample, con esos techos altos, con la luz natural que no entra en todos los espacios y esos patios cerrados», explica el comisario del proyecto de restauración del piso-museo de la Casa Bloc, Rossend Casanovas.

La Casa Bloc la impulsó la administración catalana durante la Segunda República con el objetivo de acoger a familias obreras. «Comienza a construirse en 1932 y al estallar la guerra civil, cuatro años más tarde, el proyecto queda inacabado por falta de personal, dinero y materiales. Finalizado el periodo bélico, el franquismo acabó rápidamente la obra, que fue ocupada por militares, viudas y huérfanos de militares», cuenta Casanovas.

En enero del 2010, el Institut Català del Sòl (INCASÒL) y el Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB) firmaron un convenio para convertir en museo una de las viviendas, la número 1/11, abrirla al público y explicar la innovación que supuso hace 80 años. Antes fue necesario «restaurar» a fondo la vivienda para devolverle su aspecto original. «A partir de catas y estudios estratigráficos pudimos conocer los materiales y colores originales», cuenta el comisario, quien encabezó una investigación que duró un año y medio para «conocer el ADN» del edificio. Los diferentes inquilinos habían ido modificando el piso, tirando paredes, cambiando la cocina o empapelando las paredes. Una vez retirados todos los añadidos debían restituir aquello que realmente había en el edificio cuando fue construido. Y aquí entraban, como explica el conservador, el resto de vecinos como colaboradores: «Hemos buscado las piezas y materiales en el resto de pisos. Pieza a pieza, restaurando y añadiéndolas al piso-museo». El procedimiento era simple: cuando localizaban una pieza original, como una pica antigua o las puertas de origen de la terraza, en alguna de las viviendas de la Casa Bloc, el equipo de restauradores de Disseny Hub Barcelona (DHUB) ofrecía una reforma a cambio de quedarse con esas piezas hoy inútiles e incluso incómodas pero valiosísimas por su valor testimonial. «Encontrar la esencia de la construcción ha comportado muchos meses de trabajo, y encontrarnos con no pocas dificultades», confiesa Casanovas.

Todos los pisos de este edificio racionalista son dúplex y tienen una superficie útil que varía en función del número de habitaciones. El piso convertido en museo mide 60 metros cuadrados, perfectamente aprovechados, sin espacios perdidos. Todas las estancias dan al exterior, con «fugas visuales que hacen que la persona se siente más liberada en cualquiera de las habitaciones».

Los corredores, en forma de galerías, conectan los distintos bloques y tienen un cometido pretendidamente socializador. «Para llegar a casa tienes que circular por el pasillo y es muy probable que te encuentres con tus vecinos, no como en los rellanos actuales», destaca el comisario. En definitiva, la Casa Bloc tiene soluciones justas, comprometidas con la convivencia y racionales, en sintonía con la vanguardia europea del momento.