Todo lo que encuentra a su camino lo barre. Rafa Nadal ha decidido convertir estas dos semanas en París en un paseo por las pistas de Roland Garros. No le gana nadie. Ni siquiera un set. Tras resistir una sola manga, Nicolás Almagro acabó abatido como todos por la fuerza descomunal del mallorquín que logró su victoria número 50 en Roland Garros.
Nadal celebra la victoria conseguida frente a su compatriota Nicolás Almagro, en el partido de cuartos de final. STEPHANE REIX | EFE
Solo ha perdido un partido. Pero hoy, una vez descubierto el lado más débil de su rival, Nadal se volcó en otro contundente triunfo. Tiene prisa por alcanzar su séptima corona parisina, lo que le convertiría en una de las grandes leyendas del tenis mundial. Ya lo es, pero a Nadal le parece poco. En menos de tres horas (el partido duró, en realidad, un set, y el tiempo se detuvo en las dos horas y 46 minutos),
Nadal liquidó a Almagro (7-6, 6-2 y 6-3) colándose en las semifinales, aguardando al mismo tiempo rival (Ferrer o Murray), mientras Almagro, que salió con toda la energía posible y el mejor tenis que tiene, acabó fundido. No entiende Nadal de amigos ni de compañeros ni de colegas. Va por París a toda velocidad dispuesto a llegar el domingo a la final y ganarla. Lo otro parece accesorio.