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Risto Mejide

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Hasta la Polla

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Domingo, 6 de enero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Polla es una pequeña localidad italiana de apenas 5.000 habitantes y 47 kilómetros cuadrados situada en la provincia de Salerno. Se encuentra a unos 1.667 kilómetros de Barcelona y a algo más de 2.260 kilómetros de Madrid. Vamos, que cerca, lo que se dice cerca, no está.

@ristomejide

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Información publicada en la página 81 de la sección de (vacia) de la edición impresa del día 06 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

Si uno entra en la página web de su ayuntamiento, puede consultar los eventos que tienen lugar a lo largo de un año en Polla. Y la verdad, nada fuera de lo común, lo normal que uno esperaría de un municipio de esas características. Todo apunta a que lo que sucede en Polla, se queda en Polla.

Tampoco parece haber burbuja inmobiliaria en Polla. Hasta donde yo sé, los precios de los pisos siguen la tendencia normal de lo que viene siendo una tendencia inmobiliaria en tiempos de crisis. Y la fiscalidad municipal, por lo que me han contado, es exactamente igual que la del resto de la península italiana. Los ciudadanos de Polla, o pollesi, no gozan de ninguna exención ni desgravación ventajosa con respecto a sus compatriotas. Sin ser un experto en el tema, me atrevería a decir que con Polla no hay paraíso -fiscal-.

Y sin embargo, algo huele a podrido en Polla. No sale en las noticias, nadie habla de ello, y dudo que alguien se vaya a atrever alguna vez a tirar de la manta. Pero he descubierto algo que creo que te va a cambiar la vida. Y es que cada vez son más los ciudadanos españoles que deciden establecer su residencia en Polla. Así, como lo oyes.

Todo empezó hace unos meses cuando hablando con un conocido, formulé una simple pregunta: «¿Cómo estás?». Yo no iba ni con mala ni con buena intención, era la típica frase inocente que uno pronuncia de manera automática, sin darse cuenta de las consecuencias, a riesgo de que te cuenten la vida de alguien que en el fondo te da igual.

La respuesta me dejó clavado en el sitio: «Hasta la Polla».

Lo primero que pensé fue que vivía rodeado de gente muy maleducada, tíos fundamentalmente, y además con un punto machista con el que no me acababa de sentir cómodo. Pero justo cuando estaba a punto de convocar nuevo cásting de allegados, me di cuenta de que la misma respuesta se repetía de manera consistente entre las mujeres, y no necesariamente entre las más necesitadas, ni siquiera entre las más malhabladas.

Claro, eso significaba que no podía tratarse de una alusión facilona al miembro sexual masculino. Esto tenía que significar mucho más, algo que yo no había sido capaz de ver. Estaban hablando de algo que les resultaba tan familiar y cercano como la Vane, la Jessi o la Kelly, de ahí ese artículo determinado que solo aplicas a quien te pone realmente contento.

Estaban hablando de Polla.

Lo siguiente que hice fue buscar «hasta la Polla» en Google. Casi ocho millones de resultados. Estaba sobre la pista buena. Y a partir de ahí, todo han sido informaciones y señales que no han hecho más que reforzar y completar mi teoría. Para no aburrirte con los detalles, te resumo aquí las tres más concluyentes.

Uno. Los políticos están en el ajo. Si te fijas, la gente está más hasta la Polla cuanto más hacen y deshacen, sobre todo desde el Gobierno, principal turoperador pollesi oficial autorizado. El objetivo no declarado del Ejecutivo es que todos, tarde o temprano, lleguemos allí. Es más, me atrevería a decir que los consejos de ministros se llevan a cabo los viernes para así facilitar el éxodo masivo a Polla en fin de semana. Pero eso aún no lo he podido demostrar.

Dos. Las migraciones son sectoriales. Primero los sindicatos. Después los funcionarios. Luego los maestros. Los médicos. Los estudiantes. Los científicos. Los parados. Los catalanes. Como siempre, ni el tamaño, ni la forma, ni el nivel de actividad importa demasiado. Uno a uno, todos los colectivos de este país han ido empadronándose en Polla. Todos, salvo uno, los banqueros, cuyos miembros parecen menos interesados en el boom demográfico de este municipio, lo cual me hace sospechar que esta Polla no les pone.

Y tres. Como era de esperar, ya tienen preparado y previsto qué hacer cuando los 47 millones de españoles estén todos hasta la Polla y ya no quepa nadie más. A menos de dos horas en coche, unos 112 kilómetros hacia el suroeste bordeando el Parque Nacional del Cilento, se encuentra la preciosa localidad de Pollica, población que ya viene recortadica de serie: mitad de habitantes, mitad de extensión, y mitad de chiquita, imagino que por el hecho de encontrarse más cerca del mar.

Un lugar donde sus señorías podrán sentirse, sin lugar a dudas, como en casa. 

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