Análisis

Paradojas de la globalización 'low cost'

No hay consenso para resolver un asunto complicado que está sujeto a múltiples manipulaciones e hipocresías

Lunes, 6 de junio del 2016

Hace bien poco, la Confederación Sindical Internacional denunció que las 50 grandes multinacionales del planeta han aprovechado la globalización para crear un modelo de negocio redondo para ellas. De todos los trabajadores que emplean, solo mantienen una relación formal y contractual con el 6%, mientras que el 94% restante es una mano de obra oculta en cadenas mundiales de suministro. Estas 50 grandes multinacionales controlan el 60% del comercio global, ingresan 3,4 billones de dólares de beneficios y se desentienden de los salarios de miseria de su mano de obra oculta.

La paradoja es que se trata de grandes marcas muy populares entre los consumidores y cuya buena imagen apenas se resiente si son denunciadas por emplear trabajo infantil o por eludir impuestos. No cumplen con su responsabilidad social y ambiental. Saben que los consumidores son cautivos y adictos de sus productos y no van a boicotearlos. El escándalo Luxleaks es una muestra de la impunidad fiscal y de la tolerancia exquisita con que las multinacionales son tratadas por los estados. Solo el gigante Apple tiene una deuda fiscal de 8.000 millones de dólares con Bruselas.

UN PROBLEMA MULTINIVEL

Pero el problema que se dramatiza no es ese sino la venta ambulante irregular del top manta. Otra paradoja de la globalización low cost que vivimos. Asia nos inunda de productos baratos y de copias blancas de grandes marcas que se venden por múltiples canales, ya sea on line, en bazares y hasta de forma ambulante por inmigrantes subsaharianos sin papeles. Cuerpos policiales, comerciantes y cierta prensa alimentan una campaña de populismo punitivo contra los manteros que coincide con una nueva mayoría política en el Ayuntamiento de Barcelona. Antes, por lo visto, no existía tal problema ni se dramatizaba.

No existe consenso para resolver un tema complicado y multinivel que no deja de ser una expresión local de la globalización y que está sujeto a múltiples manipulaciones e hipocresías. La reforma del Código Penal del PP ha endurecido la venta de falsificaciones como delito con penas de prisión. El gremio de comerciantes ha recurrido a la fiscalía en espera de medidas contundentes, el ayuntamiento rehúye las medidas represivas y propone sancionar la compra y reinsertar a los manteros empadronados en planes de empleo. Mientras, los propios manteros se han organizado en un sindicato y ciertos colectivos solidarios, como Tras la Manta, defienden un mercado social donde puedan vender en condiciones. Enorme laberinto.

La última paradoja es que tan solo el 0,4% del precio que pagamos por unas zapatillas de marca es para cubrir los costes salariales de los trabajadores que las fabrican en Asia. El margen del comercio minorista es del 33%, más que el de la marca (26%). Es normal que sean tan caras y es esperable que los manteros tengan demanda de sus imitaciones. Si la globalización hunde los salarios y refuerza las ganancias de una parte, el sistema no puede funcionar sin conflicto y sin paradojas. Lo que sobra es tanta hipocresía aprensiva e interesada y echar gasolina al fuego que nos quema.

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