El próximo 1 de julio, Xavier Trias cumple su primer aniversario como alcalde de Barcelona. Un año plácido, de hecho. Salvado por el nacionalista sin apenas rasguños de importancia, como se pudo comprobar ayer en la encuesta de EL PERIÓDICO.
Y eso a pesar de tener la mayor minoría (valga el oximoron) de la historia reciente del ayuntamiento, 14 concejales. Y eso a pesar de tener la peor coyuntura económica, como mínimo desde la crisis del petróleo, en los porciolistas 70. ¿Y cuál es el secreto? Porque desgaste por los recortes ha habido. Zozobra por la falta de apoyos en el pleno, también. Y errores en su gobierno, por supuesto.
La respuesta es doble. Primero, los asesores de Trias han sabido aislar al alcalde de todo lo malo que ocurre en la ciudad. Trias es el alcalde de las buenas noticias. Los que lidian con los recortes en las guarderías y los que tienen que envainarse el proyecto de Glòries, por poner dos ejemplos, es la fiel infantería. Y segundo, la habilidad del alcalde para llegar a acuerdos con otras fuerzas.