La caída del tripartito y el aterrizaje de nuevos líderes en ambas filas congelaron las relaciones entre el PSC y ERC. La necesidad socialista de despojarse del estigma del tripartito y la estrategia republicana de aproximación a CiU ha hecho que los otrora socios de gobierno parezcan ahora entes incompatibles. El pacto fiscal está acentuando los choques, hasta el punto de que el PSC considera que, a estas alturas, es prácticamente imposible un acuerdo que incluya en el mismo modelo a las dos fuerzas. Algo que al líder de los socialistas, Pere Navarro, le va bien para presionar a Artur Mas a que escoja entre su respaldo o el de Oriol Junqueras. En lenguaje socialista, la disyuntiva es entre pragmatismo o radicalidad.
Información publicada en la página 17 de la sección de Política de la edición impresa del día 04 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Navarro se despertó ayer con una carta abierta del presidente de ERC, a través de EL PERIÓDICO, en la que le emplazaba a «cambiar de rumbo» en la negociación del pacto fiscal y «ponerse del lado de la mayoría de los catalanes». En lenguaje independentista, y con las últimas encuestas en la mano, eso significa defender sin titubeos el concierto económico, la llave de la caja. Aunque aseguró no haber recibido la misiva en persona, el primer secretario del PSC le respondió a primera hora de la mañana, en una entrevista en TV-3. Y no escatimó reproches.
«No estamos para espectáculos, ni para frivolidades», se quejó Navarro antes de acusar a los republicanos de permanecer «enrocados desde el primer segundo» en una estrategia que va directa hacia el «choque de trenes». En efecto, ERC juega el papel de guardián del concierto económico, un as en la manga que hará valer si CiU claudica y acaba aceptando una rebaja del modelo como precio para sumar al PSC. De la decepción que esa decisión provocaría en un sector del electorado nacionalista sacarían tajada tanto republicanos como socialistas, de ahí que a ambos les interese no mover ficha.
Para acorralar a Navarro, Junqueras compara a diario su actitud hostil con el concierto fiscal con la de sus hermanos socialistas vascos y navarros, que aceptan y defienden este modelo fiscal diferenciado, soslayando, eso sí, que el concierto de Euskadi y Navarra está reconocido por la Constitución.
Muestras de flexibilidad
Los socialistas contratacan con la idea de que ya han dado muestras de flexibilidad al renunciar a la Hacienda consorciada y plantear una propuesta genérica que, en su opinión, todos los grupos podrían suscribir. Todo lo demás, añaden, son «contratos de adhesión». Es probable que esta pelea de antiguos amigos se prolongue hasta que Mas acabe de deshojar la margarita.